Cuando cuidar aún no es “político”

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Diego Portillo Tinoco y Raysa Díaz Romero

Millones de horas de trabajo de cuidados sostienen la vida cotidiana en el Perú, pero el tema sigue ocupando un lugar marginal en el debate electoral. Pese a la existencia de propuestas legislativas y algunos programas de gobierno, el país aún no logra convertir el cuidado en una prioridad política.

En el Perú, millones de horas de trabajo de cuidados sostienen cada día la vida cotidiana del país: cuidar niñas, niños y adolescentes, acompañar a personas mayores, cuidar a familiares con enfermedades, cocinar, limpiar o gestionar el hogar, entre otras tareas. Sin embargo, ese trabajo —esencial para el funcionamiento de la sociedad y la economía— continúa sin ser reconocido en el debate público y político.

De cara al proceso electoral en el 2026, algunos partidos políticos han comenzado a hablar de sistemas de cuidados, aunque la discusión sigue siendo fragmentaria, incipiente y, en muchos casos, más declarativa que programática.

¿Qué sabemos realmente sobre el cuidado en el Perú?

Las encuestas de uso del tiempo ofrecen una radiografía clara de esta realidad. La primera Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2010 fue el primer esfuerzo del Estado peruano con el apoyo de UNFPA, el Movimiento Manuela Ramos, ONU Mujeres y CEPAL para medir cómo mujeres y hombres distribuían su tiempo entre trabajo remunerado, trabajo doméstico y cuidado no remunerado.

Catorce años después, la ENUT 2024 confirma una realidad persistente: el cuidado continúa siendo una actividad central para la reproducción social, pero sigue realizándose mayoritariamente dentro de los hogares y sin avances suficientes hacia su desfamiliarización ni garantía de servicios de cuidado de calidad. Las mujeres siguen dedicando casi el doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados: en un día laborable, una mujer dedica más de 6 horas al trabajo no remunerado,mientras que los hombres apenas superan las 3 horas.

Fuente: ENUT 2010, 2024.

Ambas encuestas demuestran que el tiempo dedicado a los cuidados es trabajo no remunerado que recae desproporcionadamente en las mujeres. Además, su aporte económico es significativo: representó el 20,4% al PBI en el año 2016, y de 23,4% en el 2023. En otras palabras, el cuidado es una actividad central para la sociedad peruana, pero continúa siendo tratado como un asunto privado, debido a su histórica asignación a las familias, y particularmente a las mujeres, así como a su falta de reconocimiento como derecho y trabajo.

¿Por qué el cuidado debería ser una cuestión política?

El cuidado es una cuestión estructural que atraviesa la economía, la igualdad de género, el mercado laboral, la protección social y el desarrollo humano.

En diversos países, este reconocimiento ha llevado a la creación de sistemas nacionales de cuidados, que cuestionan la división sexual del trabajo y buscan redistribuir el trabajo de cuidado entre el Estado, el mercado, las comunidades y las familias.

En el Perú, el Proyecto de Ley N.° 2735, presentado por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) en 2021, propone reconocer el derecho al cuidado y crear un Sistema Nacional de Cuidados con enfoque de género, intercultural, interseccional y derechos humanos que articula políticas públicas destinadas a garantizar este derecho a lo largo del ciclo de vida. Sin embargo, fue archivado en la Comisión de la Mujer del Congreso de la República en 2024.

Más recientemente, el Proyecto de Ley N.° 11659, un segundo intento del MIMP, busca modernizar la gestión de la atención de cuidados y crear un sistema funcional que coordine las acciones institucionales necesarias para garantizar este derecho.

Estos proyectos reflejan un consenso emergente: el cuidado debe ser reconocido como un derecho y  una responsabilidad colectiva de la sociedad. Desde el 2022, se han presentado al menos siete proyectos de ley vinculados al cuidado (2735, 3242, 4705, 4955, 5308, 3313, 11659), lo que evidencia que el tema ha ingresado a la agenda legislativa, pero aún no se ha traducido  en una política pública efectiva ni un debate político sostenido.

¿Está presente el cuidado en la agenda electoral?

Las elecciones se encuentran muy cerca y el análisis de los planes de gobierno de los partidos políticos muestra un panorama desigual en relación con los cuidados.

Siete organizaciones políticas —Primero la Gente, Partido del Buen Gobierno, País Para todos, Partido Morado, Demócrata Verde, Fuerza Popular y Fuerza y Libertad— plantean algunas propuestas para avanzar hacia un sistema de cuidados.

Primero la Gente, el Partido del Buen Gobierno y País para todos proponen sistemas de cuidados con enfoque de género y reconocen la carga de cuidados que recaen principalmente en las mujeres. Además, Primero la Gente, Partido Morado y Demócrata Verde indican la formación técnica y apoyo a cuidadoras/es, mientras que el Partido del Buen Gobierno hace hincapié en el reconocimiento de las trabajadoras del hogar.

Cabe mencionar que, Primero la Gente, el Partido Morado y el Partido del Buen Gobierno definen la rectoría, y solo los dos primeros se refieren al financiamiento del mismo.

Por otro lado, El Partido Morado, Demócrata Verde, Fuerza Popular y Fuerza y Libertad proponen sistemas de cuidados desde un enfoque sanitario, orientado a cuidados de larga duración y personas dependientes.

Sin embargo, la mayoría de los partidos todavía aborda el tema de manera parcial o tangencial. Tres organizaciones —Somos Perú, Unidad Nacional y Perú Primero— mencionan el cuidado de forma indirecta o limitada dentro de sus propuestas sociales, sin desarrollar una estrategia clara de sistema nacional de cuidados.

Fuente: Jurado Nacional de Elecciones (2026). Elaboración propia.

Un punto en común entre todas las organizaciones es que ninguna reconoce el cuidado como derecho. Cuando hablamos del derecho al cuidado, este se convierte en un problema público y el Estado en garante de derechos y encargado de proveer servicios de cuidado de calidad. De lo contrario, los cuidados siguen recayendo en las familias y en su capacidad económica para acceder a un servicio.

Asimismo, se hace referencia a las tres dimensiones del derecho al cuidado: derecho a cuidar, derecho a ser cuidado y derecho al autocuidado, donde no solo se reconoce a quienes reciben cuidados temporales o permanentes, sino también a las personas que cuidan y quienes tienen derecho a cuidar en condiciones dignas.

Hablar de derecho al cuidado, es hablar también de la redistribución de los cuidados entre el Estado, familias, comunidad y mercado, y entre hombres y mujeres, permitiendo a las mujeres desarrollarse personal, profesional y laboralmente. 

Pese a su importancia, la política peruana ha estado dominada por agendas: seguridad ciudadana, corrupción, crecimiento económico o crisis institucionales, donde el cuidado aparece como un tema secundario, a pesar de su impacto profundo en la vida social y económica.

¿Qué implicaría tomarse el cuidado en serio?

Convertir el cuidado en una prioridad política implicaría, al menos, tres transformaciones fundamentales:

Redistribuir el trabajo de cuidado. Entre mujeres y hombres, entre familias, Estado, comunidad y mercado, y entre hogares y servicios públicos, teniendo como base el reconocimiento del trabajo no remunerado de las mujeres.

Reconocer el cuidado como un derecho. No solo como una responsabilidad familiar, sino como una obligación del Estado.

Construir un sistema nacional de cuidados. Que articule servicios, programas y políticas para la atención de niños, personas mayores, personas con discapacidad y personas en situación de dependencia.

¿Por qué este debate importa hoy?

El Perú atraviesa una transición demográfica, social y económica. La población envejece, las familias cambian y las mujeres participan cada vez más en el mercado laboral.
En ese contexto, el modelo tradicional de cuidado basado exclusivamente en la familia se vuelve cada vez más insostenible.
Por eso, la pregunta clave para el futuro del país no es solo quién gobernará, sino también quién cuidará.
Y, sobre todo, quién asumirá políticamente la responsabilidad de hacerlo posible.
Porque mientras el cuidado no sea reconocido como derecho, millones de horas de trabajo seguirán sosteniendo el país sin reconocimiento, sin redistribución y sin derechos.