Sembradoras de futuro: mujeres rurales protagonistas de la justicia climática y la soberanía alimentaria

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Cada 15 de octubre conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres Rurales, reconociendo su papel fundamental en la agricultura familiar, la producción de alimentos y la defensa de la naturaleza.

Desde el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, saludamos a las mujeres rurales, andinas y amazónicas, productoras y defensoras de la vida, con quienes articulamos esfuerzos para fortalecer sus organizaciones, su autonomía y sus iniciativas de producción agroecológica como estrategia frente a la crisis climática y en defensa de la soberanía alimentaria.

Las mujeres rurales cumplen un papel fundamental en el cuidado de la vida y los territorios: conservan semillas nativas, cuidan el agua y transmiten saberes ancestrales. Sin embargo, enfrentan históricas brechas de desigualdad, como el acceso limitado a la tierra, al agua, a los recursos productivos y a ingresos propios. A ello se suman la sobrecarga de las labores de cuidado, que realizan sin suficiente reconocimiento ni corresponsabilidad, y la violencia de género, que vulnera sus derechos y su autonomía. Esta situación se agrava con la crisis climática, que provoca sequías, heladas, granizadas y patrones de lluvia imprevisibles, afectando sus cultivos, la crianza de animales, los bosques y la economía familiar.

Frente a estos desafíos, las mujeres rurales responden desde la acción colectiva. En sus chacras y huertos impulsan la agroecología, protegen la biodiversidad y promueven una gestión sostenible del agua. Con su trabajo contribuyen a la alimentación de sus comunidades y fortalecen su autonomía económica. Su liderazgo también es fundamental para la gobernanza territorial; por ello, es indispensable garantizar su participación en igualdad de condiciones en los espacios de decisión local y nacional, para impulsar políticas públicas que contribuyan a cerrar las brechas de desigualdad de género.

En esta fecha, el CMP Flora Tristán reafirma su compromiso de seguir trabajando junto a las mujeres rurales de distintos territorios por el ejercicio pleno de sus derechos, una vida libre de violencia, el fortalecimiento de su autonomía económica y política, la corresponsabilidad en los cuidados y la justicia climática. Asimismo, promueve el reconocimiento de sus saberes y su participación efectiva en la toma de decisiones. Porque sin las mujeres rurales no hay seguridad ni soberanía alimentaria, ni es posible construir un futuro sostenible. Su fuerza, organización y sabiduría contribuyen a transformar los territorios en comunidades más justas e igualitarias.