Niñas rurales con derechos, voz y futuro
Este 11 de octubre, Día Internacional de la Niña, Naciones Unidas nos convoca a poner fin al matrimonio infantil e invertir en los derechos de las niñas. Esta fecha nos invita también a mirar las condiciones en las que crecen las niñas rurales y las desigualdades que todavía limitan sus oportunidades en nuestro país.

En las comunidades rurales de Cusco, muchas niñas crecen en contextos de pobreza, desigualdad de género y dificultades para acceder a servicios de educación, salud y protección. Desde temprana edad, participan en las tareas del hogar, el cuidado de hermanas y hermanos y las actividades agrícolas de sus familias. Cuando estas responsabilidades son excesivas, reducen su tiempo para estudiar, jugar, descansar y desarrollar sus propios proyectos de vida.
Los cuidados sostienen la vida, pero no deben limitar los derechos de las niñas. Es necesario avanzar hacia una distribución más justa de estas responsabilidades entre mujeres y hombres, niñas y niños.
A estas desigualdades se suman los impactos de la crisis climática y del Fenómeno El Niño (FEN). La escasez de agua, las sequías, las heladas, las lluvias intensas y la pérdida de cosechas afectan a las familias rurales y pueden profundizar la pobreza y las desigualdades existentes. En este contexto, las niñas pueden asumir mayores responsabilidades en las tareas del hogar y de cuidado, lo que reduce su tiempo para estudiar, jugar y descansar, y afecta su educación y bienestar.
Defender los derechos de las niñas rurales también significa defender su derecho al agua, a la educación, a una alimentación adecuada, a vivir libres de violencia y a crecer en territorios seguros y sostenibles.
El matrimonio infantil y las uniones tempranas son una expresión de desigualdades que debemos prevenir y transformar. La protección legal es necesaria, pero no suficiente. Las niñas necesitan oportunidades reales para permanecer en la escuela, conocer sus derechos, contar con servicios de protección y salud, participar en sus comunidades y construir sus propios proyectos de vida.
Consideramos que las niñas rurales no deben ser vistas solamente como población vulnerable. Son sujetas de derechos, tienen conocimientos, capacidades, voces y propuestas. Escucharlas y promover su participación es también una forma de construir comunidades más igualitarias.


Este 11 de octubre, desde el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, reafirmamos nuestro compromiso con las niñas y adolescentes rurales y con la construcción de condiciones que les permitan crecer con libertad, seguridad y autonomía.
Invertir en las niñas es invertir en igualdad, justicia climática y en un futuro sostenible. Porque una niña rural tiene derecho a ser niña, a soñar, a decidir, a construir su propio futuro y a vivir libre de violencia.