Mujeres rurales de Cusco: cuidar la vida y el territorio frente al cambio

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En Quispicanchi, Calca y Paruro, las mujeres productoras rurales enfrentan los impactos del cambio climático y sostienen, desde sus familias y comunidades, la producción de alimentos, los cuidados y la protección de sus territorios.

Durante varios años, el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, a través de su Programa de Desarrollo Rural (PDR), acompaña a mujeres productoras quechuahablantes vinculadas a la agricultura familiar. El trabajo fortalece sus capacidades en agroecología, manejo del agua y los suelos, conservación de semillas, producción de alimentos saludables, comercialización y participación en sus organizaciones y espacios de decisión.

Pero las mujeres rurales no solo producen alimentos. También sostienen gran parte de los cuidados: atienden a sus familias, preparan los alimentos, cuidan a niñas, niños y personas mayores, y participan en el cuidado de los animales, las semillas, los biohuertos, las chacras y el agua. Son, además, portadoras de conocimientos y prácticas que se transmiten de generación en generación.

El cambio climático también aumenta los cuidados

La escasez de agua, las sequías, heladas, granizadas, vientos, cambios en los ciclos agrícolas y las plagas afectan la producción y la alimentación familiar. A ello se suma el actual escenario asociado al Fenómeno El Niño 2026-2027. El Estado ha declarado el estado de emergencia en varios distritos del país, incluidos distritos de Cusco, por peligro inminente ante déficit hídrico para el periodo de lluvias 2026-2027.

Estos impactos no se quedan en las parcelas. Cuando falta agua, se pierde una cosecha o se dificulta el acceso a los alimentos, aumenta el tiempo y esfuerzo que las mujeres destinan a sostener la vida y el bienestar de sus familias.

Consideramos que, hablar de cuidados significa reconocer su importancia, pero también cuestionar que recaigan principalmente sobre las mujeres. Por ello, nuestro trabajo busca promover una mayor corresponsabilidad en los cuidados, para que las mujeres puedan contar con más tiempo y oportunidades para capacitarse, desarrollarse, organizarse, generar ingresos, participar en las decisiones y ejercer sus derechos.

Cuidar la vida también es cuidar el territorio

Para las mujeres rurales, el cuidado de la vida está estrechamente vinculado con el cuidado de la tierra, el agua, las semillas y los alimentos. Por ello, prácticas como la agroecología, los biohuertos, la conservación de semillas, la diversificación productiva y la siembra y cosecha de agua son también estrategias para enfrentar el cambio climático y fortalecer la agricultura familiar.

Desde el CMP Flora Tristán continuamos acompañando estos procesos y fortaleciendo las voces y propuestas de las mujeres rurales andinas. Porque cuidar la vida es una responsabilidad colectiva. Y no puede haber justicia climática sin igualdad de género ni sostenibilidad de la vida sin reconocer, valorar y redistribuir los cuidados.