En busca de una esperanza. Testimonio de Diana Miloslavich

Nos conocimos en 1985. En junio de ese año yo regresé a Lima después de varios años de vivir en México. Una de las primeras visitas que hice fue Villa El Salvador porque en esos años hubo un enorme crecimiento geográfico así como así como en organización. En ese recorrido llegué a FEPOMUVES y así conocía Maria Elena. Ella ya era dirigenta de la Federación de Mujeres y del Vaso de Leche y relativamente conocida. Era una de las líderes más importantes que había en Villa El Salvador. En esa época la expansión de comedores populares recién estaba empezando a funcionar.


Llegué a conocer a Maria Elena como dirigenta social porque en esos años en  el Centro de la Mujer Flora Tristán, lugar donde trabajo hasta hoy, tenía un programa de capacitación con la Federación de Mujeres de Villa El Salvador, entonces la veía constantemente en los talleres, reuniones, convenciones, etc. Aunque yo no trabajaba directamente en el equipo de Villa, iba a las actividades de los fines de semana porque me parecía que uno de los trabajos más interesantes que se estaban gestando en relación a las mujeres era el de la Federación de Villa El Salvador. Éramos todo un grupo de “floras” quienes íbamos a Villa para apoyar el trabajo que Maria Elena venía haciendo.


Yo creo que el acercamiento con Maria Elena viene de cuando la lucha contra el terrorismo se acrecienta en la ciudad. En setiembre de 1991 y tras el asesinato de Juana López, una importante dirigenta de la Coordinadora de Vaso de Leche del Callao, se organizó una marcha multitudinaria convocada básicamente por el Vaso de Leche, protesta que se hizo contra el hambre y el terror. Sin desmerecer la importancia de otras marchas posteriores, creo que en setiembre del 91 las mujeres rompieron las barreras del miedo y salen a las calles. Esta manifestación dejó en claro que Maria Elena era la dirigenta social más importante de la ciudad de Lima y su capacidad para sacar a la calle a 60 mil mujeres que recorrieron Lima y terminaron en la Plaza San Martín para enfrentarse al terror. Aunque también marcó su sentencia de muerte. Después comenzaron las amenazas contra ella y una campaña de desprestigio enorme a través de volantes querían convencer a la gente de que era una persona corrupta, cuando solo estaban buscando excusas para su ejecución.


A raíz de estas falsas acusaciones ella se enfrenta nuevamente al terrorismo y sale adelante. Ese mismo setiembre Maria Elena publicó una carta para defenderse de esta campaña contra ella. Una de las cosas que ella señaló y siempre repitió fue que lo que ella había construido con sus propias manos jamás lo podría destruir.


En octubre y en medio de todas estas circunstancias dramáticas Maria Elena estuvo en México alojada en casa de unos familiares míos para después irse a España ya que le ofrecían garantías para su vida gracias a la labor del embajador Nabor y su esposa. Pero ella no era una mujer acostumbrada a estar lejos de su familia y de sus hijos, entonces regresó a Lima en diciembre. Las personas que estaban preocupadas por ella no estaban de acuerdo con su regreso pero, independientemente de estar de acuerdo o no con su decisión, le di las llaves de mi departamento para cuando lo necesitara y quiera quedarse en Lima.


Durante los últimos tres meses de vida nació una estrecha amistad entre las dos. También fue una gran amiga de Ana Uriarte, una videasta que trabajó mucho en Villa, y Diana Bachán, una de las personas más cercanas a ella quien incluso le dio casa donde vivía. Charo Torres también fue su gran amiga. Maria Elena fue muy cercana al Centro de la Mujer Flora Tristán. Quería mucho a Blanca Ibarlucía, una argentina que trabajó en Perú con ella. Maria Elena siempre recordaba los talleres sobre sexualidad que hizo en Villa. En ese equipo también estuvo Clorinda Tejada, Cecilia Olea, Gina Vargas.


Es cierto que en los días y noches que pasamos juntas en las últimas semanas, conversamos mucho y sabía mucho de su vida, pero no podíamos hacer una vida social normal. Entonces, nos quedábamos en la casa conversando noches enteras y largas horas sobre su vida y lo que pasaba en el país, pero nunca lo grabé. Lo que hice, posteriormente, fue reconstruir su discurso en el libro “Maria Elena Moyano. En busca de una esperanza” y basándome en los artículos que todos los periodistas de este país habían publicado. La segunda parte fue hecho con el material de un libro que íbamos a hacer. Lo único que tenía era la parte de la biografía que ella me entregó. Pero luego me pareció importante reconstruir su pensamiento.


Fue una extraordinaria dirigenta social con militancia y formación política. Fue militante de izquierda y creo que por eso también la mataron. Creo que ella dudaba de si realmente se atreverían a asesinarla porque los conocía, porque todos se conocían desde chicos en Villa El Salvador y dudó hasta el último momento de que fueran capaces. Es la impresión que he tenido estos años cada vez que la recuerdo.

Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán - Parque Hernán Velarde No 42 Lima 1, Lima-Perú. Tel. (51-1) 433 1457, fax (51-1) 433 9500, E-mail: postmast@flora.org.pe
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