La urgencia de promover políticas públicas para enfrentar la violencia contra la mujer y sancionar el feminicidio.

La tipificación del feminicidio como delito autónomo es una de las acciones que consideramos fundamentales para prevenir y sancionar esta expresión extrema de la violencia contra las mujeres. Por ello, saludamos la voluntad política del gobierno actual y de la ministra de la Mujer y Desarrollo Social, Aída Garcia Naranjo, de promover que este crimen sea sancionado de forma específica.

La tipificación de este crimen permite posicionarlo en su especificidad y visibilizar una serie de factores y contextos que tradicionalmente no se consideran cuando se investiga, juzga y sanciona los homicidios. Asimismo, la oportunidad de colocar a la mujer como sujeto de protección permite reconocerla como sujeto individual de derechos y visibilizarla, incluso,  dentro de un conjunto de normas con una fuerte tradición androcéntrica. Ello puede contribuir –en procesos de larga duración-  a cambiar imaginarios de poder.

No puede afirmarse que la creación de leyes garantice el acceso a la justicia de las mujeres que han sufrido violencia. Sin embargo, la existencia de una norma específica puede dar mayores herramientas para sancionar adecuadamente la violencia contra las mujeres, además que posibilita la realización de acciones de  incidencia y advocacy con autoridades, en la movilización por el cumplimiento de las normas.

Es decir, una ley que sancione el feminicidio es un primer paso para su prevención y sanción, y abrirá nuevos panoramas de posibilidades para exigir políticas públicas y rechazar legal y socialmente una acción criminal que está causando la muerte de muchas mujeres. Según el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social-MIMDES, en el 2009 se registraron 139 feminicidios  y 64 tentativas. En el 2010, 121 feminicidios y 47 tentativas. Y en lo que va del 2011, 38 feminicidios y 25 tentativas.  Según el Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público, por cada 10 homicidios de mujeres, 5 corresponden a casos de feminicidio.

Existen algunas resistencias y argumentos legales contra la tipificación del feminicidio como delito, respetables y válidos; sin embargo, la no tipificación de este crimen  plantea un escenario legal de inacción ante esta violación de los derechos de las mujeres.

Debemos recordar que antes que el movimiento feminista posicionara el problema de la violencia contra las mujeres en las familias o en las relaciones de pareja, como un asunto de interés del Estado y una violación a los derechos humanos, los términos que actualmente hoy se encuentran en nuestro ordenamiento legal como: “violencia familiar”, “acoso sexual”, “violación en el matrimonio”, entre otros, no formaban parte de la normativa.  Hoy es impensable que la ley no sancione estas conductas.

Hablar de feminicidio es útil para visibilizar la magnitud y consecuencias de la violencia de género y plantea una desmitificación de la violencia contra la mujer, evitando que se romanticen los hechos, se patologice al agresor o se naturalice la situación. Un feminicidio es un crimen contra las mujeres. No es un crimen pasional ni es perpetrado por un enfermo mental. El problema es mucho más complejo y se vincula directamente con las relaciones de dominación que han existido y existen en nuestra sociedad.

Por lo tanto, la tipificación del feminicidio debe responder a la lógica del derecho penal, el cual cumple la función de salvaguardar los derechos de cada persona y, en  este caso, cumpliría la función de salvaguardar el derecho fundamental de las mujeres a  vivir una vida libre de violencia. Es una deuda que el Estado y la sociedad tienen con las mujeres.

Finalmente, coincidimos con la Defensoría del Pueblo que en las reformas anunciadas, también, se considere elevar los montos de las indemnizaciones a favor de las familias de las mujeres víctimas, pues éstos son ínfimos y no guardan relación con el daño causado. Ello, igualmente, en el caso de mujeres que hayan sobrevivido a la agresión, para garantizar que se restablezca su salud física y mental.

Lima, 4 de agosto del 2011

Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán

 

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