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Siete de cada diez casos de violación
tienen como victimas a mujeres de todas las edades
(ENDES 2000). De cada cien casos de violación
sexual, 10 son menores entre 0 y 5 años;
veintisiete tienen entre 6 y 12 años; 51
tienen entre 13 y 17 años. Según
estos datos, 88 de cada cien casos de violación
sexual tienen como víctimas a menores de
edad.
Contrariamente a lo que se presume,
gran parte de los casos de violencia sexual son
cometidos por los familiares más cercanos,
especialmente padre, hermano, tío o padrastro.
De hecho, el 21.9% de los casos de violencia sexual
ocurre dentro de las propias familias y el 15.5%
en casas de amigos y familiares (ENDES 2000).
De otro lado, la investigación
“Violencia sexual y física contra
las mujeres en el Perú. Estudio multicéntrico
sobre la violencia de pareja y la salud de las
mujeres” (OMS, Flora Tristán, Cayetano
Heredia, 2002), reporta que el 23% de las mujeres
de Lima y el 47% de Cusco han sufrido violencia
sexual por parte de su pareja.
La violencia sexual es definida
como toda acción de carácter sexual
que se realiza hacia otra persona, en contra de
su voluntad. Se da a través de tocamientos,
agresiones sexuales, gestos de carácter
sexual y violación sexual.
La violencia sexual atenta contra
el derecho a la libertad sexual, la cual es entendida
como el derecho a decidir si se desea tener relaciones
sexuales o no. Es la facultad que tiene cada uno/a
de decidir el momento, la forma, el lugar y la
persona con quien desea tener relaciones sexuales,
contando con la plena voluntad del/a otro/a.
Las mujeres casadas pueden ser
también víctimas. Ellas tienen un
compromiso referido a la fidelidad, pero no de
acceder a todos los requerimientos sexuales de
su pareja, menos aún de sostener relaciones
sexuales contra su voluntad y por la fuerza. Ninguna
persona pierde su derecho a decidir sobre su sexualidad
por estar casada o por tener pareja.
La violencia sexual es un hecho
que atenta contra la integridad física
y psicológica de las personas y deja daños
difíciles de ser superados. A esto se suma
la ausencia de servicios que atiendan las secuelas
físicas y emocionales que deja una violación.
La violación también
implica el riesgo de contraer el VIH/Sida o cualquier
otra enfermedad de transmisión sexual,
o de quedar embarazada, que en estos casos la
probabiliad es tres veces mayor. Estos temores
incrementan el sufrimiento de la víctima.
Es un punto urgente de la agenda
política ofrecer a las víctimas
de violencia sexual una ayuda que comprenda tanto
el aspecto jurídico, como el apoyo médico
y psicológico para superar en el menor
tiempo posible el trauma de la violación.
En este proceso es fundamental la ayuda que pueden
brindar la familia y amigos/as más cercanos.
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