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POESIA

 

Bala perdida
Montserrat Álvarez
EBL Conaculta - Fonca.

 

 

 

“Cuando parecía que la poesía había perdido para siempre su aspecto disruptivo, cuando entre caravanas cortesanas y coquetos con canciones pop y eslóganes publicitarios ya nadie imaginaba que volvería a entenderse como una acción subversiva, llegan desde Paraguay los poemas de Montserrat Álvarez, poemas feroces, desamparados, que no excluyen cierta añoranza, y en los que quizá resuena algo ya casi olvidado Aldo Pellegrini –no su dicción, sino su impulso. Como si hastiada del proceso de domesticación que atraviesa la poesía, de esa idea lánguida de dar a la imprenta poemas inofensivos, dóciles, que ronronean en busca de aplausos, Montserrat hubiera optado por un énfasis provocador y al mismo tiempo crítico, por la digresión apasionada, por el descreimiento. Siempre del lado de los que no tienen nada, de los que tampoco tienen a dónde ir, sus poemas de un ritmo portentoso y una musicalidad antigua, que recuerda la época de las sagas pero con disonancias punk, son artefactos que a la manera anarquista terminaran por estallar en las manos del lector, haciendo saltar por los aires el rancio amor que tal vez todavía profesaba por la poesía decorativa y su lenguaje adormilado” (Luigi Amara)

Canción Idiota

Y recuerdo una tarde en la que la ajada matrona solitaria
se sintió indispuesta
y nosotros acudimos y tu pusiste la mano en su frente
para ver si tenía fiebre y ella me miró de pronto
con los ojos que había tenido de niña
Marchita mujer con sus ojos de infancia
Ojos que un día miraron el mundo como si hubiera sido
recién hecho
Y me dije Vida Vida cuán estólidamente recubres las purezas
iniciales
Con la fuerza bruta de tus horas y años hasta que se apagan
Y empecé a rumiar esta canción idiota y aunque a veces
quiero olvidarme vuelve
y resuena salmódica y monótona en mi mente: Vida,
vida, cuán estólidamente…
Y recuerdo el día en que vi a mi viejo pero le faltaron
dientes
Y tu voz “¿qué es un perro sin dientes?” Sí, estaba
desdentado
por esa payasa imbécil de Vida que le había arrebatado
sus pequeños puñales esenciales, que eran
como las garritas de sus fauces, y vuelve a mi esa canción
demente
extrañamente opaca, sorda, hipnótica, Vida,
Vida cuán estólidamente recubres las purezas iniciales
y pienso
que todos fuimos niños una vez, incluso este hombre
gordo y viejo con su maletín que quizá fue un pequeño
cuya madre perfumara sus rizos que quizá se diga un día
Madre Madre qué me ha sucedido
Ser hombrecillo que casas mañana marca su tarjeta
ser este hombrecillo que todos los meses paga sus
impuestos

Ser este hombrecillo que todos los meses paga sus impuestos

 

Ladrón de codornices
Julia Wong
Ediciones Patagonia

 

 

 

“La lectura de ladrón de codornices es una experiencia que nos enriquece y nos cambia, como ocurre cuando nos encontramos con algo auténtico, dicho desde el corazón, trazado con la palabra precisa, laqueado por la sabiduría de percibir lo esencial de lo que nos puede rodea.
Julia Wong no dice por decir; como para todo verdadero poeta la pulsión del canto le resulta una necesidad vital, un acto imprescindible para entender y ser entendida. Luego de leer sus originales, y mas allá de la carga emocional que esto inicialmente me produjo, tomada la distancia que se requiere de un lector objetivo, le dije: “Julia, tenés un magnifico libro entre tu manos”. No me he arrepentido, ni me arrepentiré de esas palabras (Alejandro Méndez Casariego).

Cañon del Colca

El cóndor se esconde
de ti sagaz
no te mereces
ni las piedras reventando
al final del precipicio
palabras de lodo y plumas viejas
transgreden
como acorde destemplado

Paraje lleno
de muerte miseria
vehemente
un corazón europeo está cerrado

Lince la luz
cuando babean de amor
los cráneos extranjeros


Claveles

Usted es para mí
muchas veces
solo una marisma con vaquitas pintadas

y este laberinto
despiadado a veces
con manos cansadas
de ilusiones griegas
sin angelitos morochos
ni collares de chirimoya

Mi cuello suspira por pétalos
encarnados
frescos

No, ya no quiero
las ramas desnudas
el ferrocarril enrejado, los muros

Coleccionista de humo
Paloma La Hoz
Editorial Solar

“Como una ceremonia intuitiva, muy próxima a la de quien anduvo en tinieblas y descubre el albor repentinamente, la poeta va urdiendo su biografía con fragmentos del mundo exterior y un sentimiento contenido. En este libro todo ocurre casi en silencio y al lector le toca cotejar heridas, trayectos y todos esos rituales del dolor que devienen tras abandonar la adolescencia. Pero así como hay tribulación también se asoma un parco entusiasmo ante lo que ha de venir, esa razón desconocida que se alimenta de la esperanza (Enrique Sánchez Hernani).


Confesión

Esos fueron días de noches
Aquellos donde fui
Coleccionista de humo
De gargantas
Donde la reluciente
Maquinaria de las calles
Operaba laberintos
Y la sed se distinguía
Como el más potente
De los sabores
Aquellos no fueron días
Arrastraba la noche
Como cola de novia
Hacia el altar de veneraciones
Camino de animales
Que deshacen el amor
De números no naturales
Multiplicándose como leguas
Réplicas de propano
Azulando sus pequeños fuegos
Aquellas solo fueron
Largas noches
Yo estuve ahí
Lo confieso

Una pregunta

Luna negra sobre mi vientre
Y malva el cielo de Lima

Y el humo de este cigarro
Que me sabe a flores viejas

Ahora que ya no soy Venus
Que he sido oscurecida
Por este cielo de luna robada

Quisiera decir
Ya no fumo y dejarte ir
Como he dejado ir a otros en otros tiempos O decir
Este cuerpo ya no te desea
y dejarme ir ocultando la huida

Luna negra sobre mi vientre
Quién habrá partido
Mañana al mediodía

Motor Inmóvil
María Wertheman

 

 

 

IX

¿Pero por qué esta sensación colmada de
Injusticia que me encoge?
¿Esas voces susurrantes esos ojos
Suspicaces, ese turbio aire congela
Mis pisadas?

Aunque ciegue las persianas y me
Esconda y permanezca en la dulce y
Calida caverna del ensueño
Ellos se filtran por mis ventanas y me
Alcanzan
Ellos: “los de la comunidad de los rectos, de los
Que siempre tienen la razón” – los ciudadanos
Confiables

Injusto, injusto; injusto ardid
La de aquellos que toman el poder y nos acosan
Con sus entrenadas palomas de campaña que
Detestan La Verdad y se la tragan

Y aunque invoque al que fue mi amor
Ahora
El se encuentra lejos de mi alcance
Al otro lado del cañón

Y mi propia soledad abandona mi alma y
Me deja desolada

 

Fábula del Grial con castillo, dragón y princesa
Rocío Castro Morgado
Carpe Diem Editora, 2007.

“Pocas veces, al abrir un libro, he tenido tal sentimiento de encontrarme frente a un texto tan enigmático. Pensé poder guiarme por los epígrafes o encontrar un hilo de Ariadna en la alternancia de caracteres tipográficos variados. Pero esas hipótesis no me ayudaron. Acudí a la distribución en capítulos bien diferenciados -Preludio, El castillo, La princesa, El dragón, La fábula, El grial, Epílogo-. El conjunto presenta una topografía medievalista, pero varias referencias cultas no respetan dicho espacio medieval. Evidentemente, muchos poemas, como este, nos invitan a esa época:

En
torre almenada
dragón
guarda doncella

con colmillo
garra y flama

Pero, sin previo aviso, se presentan personajes de otras épocas:

Rodin modeló con yeso
las puertas del infierno.
después de su muerte
las fundieron
en bronce (31)

…El lenguaje, parco, abunda en palabras “selectas”, escogidas con precisión y siembran el texto de pequeñas perlas metafóricas:

Trasiego de una fuente,
vocablos,
higos entreabiertos
en miel silábica (11)

Otro poema dice:

Cada hora
fue
cuerda o sirga
sin pífano de faquir
que la confine
en danza (53)

A veces aparece el Yo, avisándonos que no se trata ni de simples evocaciones eruditas ni de un mero juego de metáforas, sino que, mediante esos recursos, la poeta quiere hacernos confidencia de algo suyo:

Evoco tu voz
tu dulce voz

tu inexplicable
ausencia (50).

La inclusión que enmarca todo el poemario nos avisa de algo. Se trata de un recorrido personal; pero cierto pudor lleva a la autora a alquilar o prestarse vivencias ajenas. Se abre el poemario con esta frase:

Sobre una banca
de la plaza
de Montserrate
leo (4)

Y lo concluye la siguiente frase poética:

Bocinas,
y tubos de escape,
me espabilan
en banca de plaza
cagada por palomas (84)

Por lo tanto es, sin movernos de cierta plaza y cierta banca, que recorremos espacios y tiempos múltiples. Lo insólito del viaje al cual estamos invitados, se hace patente mediante la práctica poética de las diferentes grafías que marcan la discontinuidad y evitan el supuesto de continuidad. Sin embargo, si bien la copresencia de dos corrientes es patente y parecen fluir ellas en direcciones diversas, las dos nos llevan finalmente a la morada de una misma experiencia.

Así, con ese recurso, la anudación del conjunto en una sola unidad queda fragilizada, pero todos los poemas quedan alimentados por una misma fuente y una misma concepción de la poesía. Por un lado, de la lectura evocada al principio y al final del texto surge un flujo continuo de imágenes y ensoñaciones que nos hacen presenciar situaciones, encontrar personajes y vivir anécdotas, todas enmarcadas en los tiempos idos de la búsqueda del Grial. Por otro lado, “soñando que despierta” (7) la imaginación de la poeta, despertada o exacerbada por la lectura supuesta, va al encuentro y rememora algunas circunstancias de vida que “han sido” o “hubiesen podido ser” suyas. Así leemos:

Raudos,
sobre caballos,
augusto y yo
surcamos el patio
hasta un castillo de quincha
cual
granja, alquería, cortijo,
de gatos
donde una niña languidece (8)

Pero, como:

Voces de dueñas
y andantes,
fugan de libros polvorientos
cual cantáridas (12)


Entonces, la otra hebra trenzada, la histórica, la del Grial, -cuya lectura sostiene o ha despertado la ensoñación poética- se enlaza a la hebra vivencial con abundancia de imágenes y profusión de metáforas:

La luz se filtra
por un vitral de ramas.
un ciervo relumbra,
fugaz,
en un claro del follaje.

crujen verjas de hierro,
el rastrillo desciende,
atravieso el puente levadizo

me espían desde barbacana
y troneras,
acaso
armas de chispa hieran
el pedernal,
zumben cuerdas de ballesta
en aspillera
se abre la poterna

…Dialogando entre ellos, los poemas no dejan de tejer los dos hilos de la fábula –el histórico culto y el de la propia ensoñación, reflexiva personal y algo confesional. Es mediante este último hilo que la autora habla, y parece querer decirnos, confiarnos “algo, de algo que ha pasado”, que le ha ocurrido:

Evoco tu voz
tu dulce voz
en rondas de alfileres
a mi oído soplados
Sin fragores de batalla
o cornos de guerra
tu inexplicable ausencia.

De repente, el quiasmo, el abrazo de los hilos tejidos, se vale de las circunstancias del triste cielo de Lima, para decir cuán acorde está él con lo vivido en un momento:

Afuera
cielo gris de Lima
que ni cocoliche o lejía
azulan.

Embarga a la poeta un sentimiento de duda, la invade un momento de oscuridad. Ya no le sirven las imágenes medievales con las cuales se había regocijado. Más bien, desde una conciencia nueva, las hace responsables de cierta confusión:

Si en esta fábula
el dragón fuera silencio,
doncella, la palabra,
y castillo
el elucidario, folio plana
en qué me cifro


…Parece una invitación a la simplificación, a la sencillez, a saber desvestirse de una carga que, quizá, la poeta se complacía en llevar. Al final del poemario se nos revela que todos esos poemas han sido una suerte de diario espiritual. Con la pérdida de ciertas certezas, un nuevo saber se ha filtrado: la aventura es más interior que exterior; no hay certezas, y la palabra es sobre todo vestido de silencio.

El interior es
como ir a la intemperie
...
aparto carámbanos
espinas, escamas de escualo
sin certeza alguna…

Caen tejas podridas,
fárfara, pellejos, binzas,
y yo con ellos
a la fontana,
de aire fresco,
con sombra de olivos
que eres en mí
con o sin palabras (82-83)

Así termina este poemario de Rocío. Termina, justo antes de que las bocinas de la calle despierten a la poeta de su ensoñación. Parece que se nos invita a cierto silencio. Al final, uno descubre que las palabras, arraigadas en una imaginación nutrida de las lecturas de la profesora de literatura, han estado allí, sobre todo, para afrontar, reducir, expresar cierta “digresión del ser”, que se le ha impuesto como fragmentación del ser o ausencia suya.

A lo largo de la lectura de los poemas, el/la lector/a, no solo circula por varios mundos oníricos e irreales, sino se mueve en medio de un despliegue de términos eruditos, cuya precisión parece querer proyectarnos en un universo que se afirmaría en la autonomía de sus referencias. Pero dicho recurso, lejos de invitar a una fiesta del intelecto, cuando se sacia en su afán de conocer, parece más bien una construcción elaborada para fragilizar el sentir y el pensar, a fin de abrirnos a lo enigmático de una experiencia humana personal e invitar, a cada una/o, a ir más allá de lo que diariamente nos sostiene.

Aquello que se trata de ver y presenciar implica que sepamos borrar las fronteras entre el yo y lo otro; entre el mundo interior y el mundo exterior; entre imaginación, sueño y percepción visual, para entrar a la conciencia de la interrelación y del entramado que nos sostiene. La germinación poética de la cual somos testigos, alimentada por diferentes fuentes, tanto de conocimiento como de experiencias, no es más que la metáfora de lo que, en cada una/o, siempre es comienzo y origen (Vicente Santuc S.J. - Universidad Antonio Ruiz de Montoya).

Reino cerrado
Erika Almenara
Editorial Santo Oficio. Lima, 2006. 50 pp.

 

 

 

… en Reino Cerrado podemos percibir un tú poético absolutamente elusivo, variable, cimbreante, un referente interno al texto que parece estar ahí al costado cerquísima, o a veces estar muerto, otras veces ser un perfecto fantasma. Reino Cerrado es un libro bastante “compacto”, aparentemente de “fácil lectura”, y por lo mismo, aparentemente, da apertura a las diversas interpretaciones. Pero esto no es así. Tampoco se trata de un texto hermético, pero sin duda las ideas propuestas y las sensaciones descritas en sus páginas no son fáciles como tampoco lo es la interpretación de un haiku. Mientras uno va penetrando en él, la aparente claridad se va envolviendo en una bruma de conceptualizaciones sobre el propio lenguaje: “voy a soplar el sonido que rebota en las paredes/ arrancaré el pedazo de un verso a medias/ de un verso en pausa.// Afortunadamente/ no desclavaré trozos de piel.// Nunca la conociste/ te quedaste/ en la palabra”. Una primera clave para leer todo el texto. ¿quién es ese tú que “nunca la conoció”?, ¿y sobre todo, qué o a quién nunca conoció? Estas dos interrogantes nos acompañan en la lectura de todo el libro: preguntamos por el yo poético, por el tú poético, y finalmente, qué implican ambas simbolizaciones en relación con el tema constante del todo el texto: la propia poesía, la palabra.
En este texto de Erika Almenara, la poesía aparece clara, pero en realidad esconde mucho más de lo que parece: es la penetración en una propuesta abstracta que va cogiendo cuerpo, y la materia no termina en el poema, al contrario, el poema es sólo una ventana que nos permite escuchar la increíble guerra del interior. La importancia del significado precisamente está en la huella en la huella en la otra huella, de aquellas palabras que nunca fueron pronunciadas. (Rocío Silva Santistevan).

XV
(Primera parte)

Larga la noche,
largos tus ojos
ondulantes y ligeros detenidos tras mi muerte.

Agazapadas vienes
te disfrazas de colibrí
y con tu pico ahuecas mi corazón.

Larga la noche
y largo tu pecho
endureciendo ecos vacíos.

Tu fantasma me motiva,
inquilina de tu vientre soy.
perdida
en tu noche,
me derramo y digo tu nombre.


VIII
(Segunda parte)

Me paralizo
Y enfrento lo conocido.

Callo,
No fijo mi reflejo en el mar
pienso en la experiencia;
repaso su costo,
peino mi pelo.

No espero,
libero el papel.

Las falsas actitudes del agua
Andrea Cabel García

Municipalidad de Lima, Centro Cultural de España. Lima: 2006. 66 pp.

En la poesía de Cabel, la escritura cuestiona sus propias herramientas, es decir el lenguaje pero también la misma contemplación por parte de la poeta. Al cuestionarlas, se indaga en otro universo, el otro lado del espejo como dice Lewis Carrol, donde el universo está en constante fluir, en expansión, en equilibrio pero también en caos, en unicidad pero también en pluralismo. Las falsas actitudes del agua es un poemario que abre una caja de Pandora y que arroja sobre sus lectores la melancolía de un universo perdido.
Las falsas actitudes del agua avanza en y contra la corriente del universo buscando escribir justamente el equilibrio de quien contempla y participa del universo con la escritura. Vale recordar entonces el verso ya citado del primer poema: “como aquella última promesa escrita a cada instante”. La poesía es una promesa no cumplida de reconciliación no sólo con el mundo abierto sino con la identidad fragmentada. El universo que fluye infinito en el poemario de Cabel empieza a reducirse a ese tú del último poema, ese tú que es “una explosión de gritos” y que se derrumba como se derrumba la poesía ante el silencio. Impecable final a un poemario y el amanecer de una poeta que dará mucho que hablar en los años venideros. (Carlos Villacorta Gonzáles).

f
tras ese vacío infinito que colgaba por la ventana, / encontré
tus ojos.

los encontré verdes y sin fondo. / estaban ahí, / con el vértigo
imposible. con las ganas maltrechas / yo los miré, / adorando
la ventana. queriendo irme con ella. /

yo me acuerdo mucho de ti, / aunque ahora seamos tan
distintas. recuerdo las noches, / tú llamabas y yo salía /
corriendo, con el corazón en las manos, / no vayas susana.
siempre es igual. yo me quedo contigo. / y tú te colgabas de mi
brazo / y no decías nada.

me recordabas a la ventana, /al verde cansado que se arrullaba
solo. / luego, te embarcaba y te rezaba hasta el día siguiente. /

los días pasaron y tuve que irme. / las charlas en las bancas frías
de la noche se tardaron demasiado en salir de aquí. / cada
columna de humo se convirtió en una razón más para dejarte
libre.

sola. /

t
-3 am-

volviste a casa / un día/ cuando menos lo pensaba, escalaste la
ventana / te comiste el morado lentamente / buscaste un nudo
blanco luego dos / hiciste tres / me obligaste a atarte / volviste
sin pensarlo, / volviste simplemente / limpiando las playas de
aslán, / haciéndote blanca mueca de pena / agobiada pelusa
frente al viento / dócil medida de miedo / conjuntada a las
preguntas de poesía y hambre, regresaste junto a tu hija / la
que esperaba tras el sombrero de la noche, / la que esperaba en
el monte tras la seña que llevaba el árbol derecho. /

tú volviste, dejando a la ventana / volar lejos, / como en un
cuento de hadas y vestigios eternos. /

el amor, / es como un rayo que galopa / que abre valles / que
me devuelve al río, / es un rastro infinito / imposible. /

 

Lunas de añil
Iñakapalla Chávez Bermúdez
Acuarela Impresiones. Cusco: 2005. 70 pp.

Nos llama la atención el manejo tan puro del lenguaje castellano en la poesía de Iña Chávez… Los temas de su poesía son de manera muy marcada la luna, los sueños y el amor. Otros temas de su poesía son la necesidad imperiosa de escribir, la soledad, la ciudad silente, en la que el yo poético siempre se dirige hacia el sur, el paso tan apresurado del tiempo y de los días, otro tópico clásico de la poesía. Y tenemos también un poema alusivo a los ángeles, tema propio de varios poetas como Lorca y tema propio también de quien está presentando este libro. En el poema Zurciendo cada puntada, juega con el tema de género, aludiendo a una labor considerada tradicionalmente como femenina en nuestro medio, que es el zurcir, y en el que nos cuenta como va zurciendo sus poemas.
En “Lunas de añil” sorprende la pureza de su lenguaje. Lenguaje fino, enmarcado en la tradición de la poesía escrita en castellano. Poesía un tanto distante del lenguaje coloquial, en diálogo permanente con los grandes maestros de la poesía en nuestro idioma, como pueden serlo Vallejo, Neruda o García Lorca. (Isabel Sabogal).

Zurciendo cada puntada

De nuevo aquí, zurciendo con mis pasadores
los pedazos que quedaron de las poesías rotas.

De nuevo aquí, luego de un aletargado sueño
de noches, pero sin luna, con poemas perversos.

Aquí de nuevo, escribiendo poco a poco,
palabra por palabra, pesadilla por sueño.

De nuevo aquí, divagando en un solo pensamiento,
dividido en pequeñas latitudes
del verdadero mundo del que soy parte.

Aquí de nuevo, recuperando el deseo por seguir
existiendo entre mis propias palabras,
mis sueños exquisitos,
mi balcón blanco, los ruidos citadinos.

Aquí de nuevo, con un nuevo recuerdo,
un segundo de historia, sin ningún poema (aún).

De nuevo aquí, en medio de cenefas grises
que enmarquen mis sueños reales y confusos
de seguir existiendo, sin dejar de vivir.

Aquí de nuevo, insegura de volver a ser
personaje de historias en grafito o sepia.

Aquí, de nuevo,
poniendo puntos suspensivos…


PAR –
TIR

Partir el tiempo, los segundos,
cada instante.
Partir hacia el norte.
Partir los colores,
la fruta del mediodía.

Partir tus poemas,
tus razones, tus latidos, tu silencio.

Partir le mundo, tus cabellos.
Partir el invierno, el mes de febrero,
un año bisiesto.

Partir una mirada, el cielo, tu ventana.
Partir de a dos, tres y cinco pedazos.
Partir las pesadillas, sin importar el tamaño.
Partir los años, los sueños, las ideas.
Partir cada palabra, cada recoveco.
Partir al fin del mundo, con dirección al suroeste.

 

 

Ludy D
Roxana Crisólogo
Ediciones Flora Tristán. Lima: 2006. 68 pp.

 

 

 

“Yo quería conocer el mundo” se titula la primera y más extensa sección de Ludy d. Si nos fijamos en el índice, constatamos que los títulos de esta sección, que en realidad corresponden, como en el resto del libro, al primer verso de cada uno de los poemas, parecen constituir por sí mismos un poema independiente, en el que cada línea adquiere su propio sentido, en consonancia con esa estética de la fragmentación que Crisólogo exhibía ya con particular destreza en sus dos primeros libros, Abajo sobre el cielo y Animal del camino, y que en esta nueva entrega definitivamente alcanza un notable manejo.
Parafraseando el título de la segunda sección, podemos decir que en cada página, Ludy d. nos entrega su historia como quien pela -y arroja- una cáscara de fruta: desplegando con violencia sus visiones aceleradas de la ciudad corroída, de esa Lima imposible donde las imágenes avanzan, se acumulan, o chocan intespectivamente, como dos viejas combis ante la luz estropeada del semáforo.
Por eso es factible y hasta cierto que esta lúdica Ludy, “anarquista de la disección a veces dispuesta / a demoler sus sombras”, que se percibe a sí misma como “acholada achorada aniñada”, no puede permanecer quieta ante el dolor. En la sección final del libro, que reitera su nombre, Ludy d. escapa, se desvanece, se borra del texto para internarse en la realidad. En un súbito cambio de perspectiva, una voz en tercera persona describe eficientemente –con cierta empatía emocional que no necesariamente se traduce en adhesión política- ese traslado que instala a la protagonista en el vértice mismo de la violencia, para desactivar, radicalmente, esa violencia. Su última imagen, que podría ser mediática, la muestra cuidadosa y extasiada al lado de otros jóvenes, colocando un paquete mediano (¿será dinamita?) en la puerta metálica de un ministerio.
A nosotros lectores, nos queda entonces protegernos del incendio con la coraza de la ficción o de la indiferencia, o poner más bien la oreja / el cuerpo y escuchar cómo se hace lentamente añicos la quietud armoniosa del poema para volverse explosiva corriente verbal, incontenible tromba / bomba poética escrita con un agudo, incisivo silabeo, en un “idioma que nunca cesa de estallar”. (Mariela Dreyfus).


hay días que no tolero más ruido que el de las construcciones
y el café no endulza no hay nada que endulce este café
y quisiera ser la virgen que adorna el vello crepuscular
de un acolchonado cuadro
llamarme rosa rosita
tener el cabello largo y los pies pequeñitos y rosados
como los de una conocida muñeca
y llevarle a los muchachos de la construcción
tapers limpios de comida
papas sancochadas con pollo

mi buena sazón que venderé
y revenderé
con sendos cerros de arroz
lechuga agria y ají
de algo me servirá ser acomedida o liviana
sudar
atados de ropa limpia y una toalla
por si la transpiración

y luego pensar en los acabados del edificio
cómo terminaré yo
muros sellados y cielos falsos en placa de yeso
dónde terminaré yo
soldaduras anclajes fijaciones de plástico
dónde anclaré
me desfondaré
y terminaré yo
y nada de prevención y mantenimiento
de martillos taladros patologías y formas
que hincan sus cabezas de movedizas serpientes
y me invitan a rodar

sentirme en la erosión de esta tierra de doble piso
sin fondo
y empapelan el ruido de un enceguecido tránsito
de aves guaneras como el dolor
de alguna primera vez

yo quería conocer el mundo
y llegué a la fábrica
dónde comienza el mundo
dónde termina esta fábrica
buenos días dígame
si tengo que enterrar más mis manos
apretar el corazón del gusano

esa mañana recibí una llamada telefónica
era rocío

rocío
ando perdida en algún lugar de la casa
es demasiado tarde tengo el cuerpo lleno de luz
tos neblina el gris de la fábrica
se dibuja en aros de bicicleta en el cielo
ha pasado sobre mí soy su cadáver

había olvidado la rigidez de su fuselaje de plomo
el fierro hondo de todo aquello retorcido que
coronará los techos
me dividirá en el cráneo de una santarrosita
que los niños apedrean y las nubes esconden
como un imperturbable dios
en su pesebre de obras

alambres para colgar
calaminas para fugar
había que lanzar una piedra y medir
la hondura de esta leguminosa caída
el horizonte multiplicado en unas cuantas patas
de cangrejo que el arenal dispone
y una plomiza puesta en escena
nos dejará como condición
pues yo también cuelgo de uno de los ganchillos
del aire y como el sol

me veo despidiendo el paso juvenil
de los camiones de la fábrica
sentada sobre una isla

mientras las enredaderas de nuestras palabras
ahorcan el paso irreversible del humo

y el polvo toma mis manos para ovillarse
como un sueño improductivo de hojas
cabellos de desconocidos niños que mecánicamente
los camiones extraen y empujan
en un definitivo mantra

¿y si yo fuera como ellos
si yo fuera una mantra
una repetición una cantera?

el ir y venir de aquellos niños
sin más imaginación que una llave
que se resiste y aprieta
vuelve a su sitio y afloja
pero no quiere irse



 


 

 
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