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NARRATIVA


Homenaje a Pilar Dughi

El 6 de marzo último falleció la escritora y amiga Pilar Dughi. En este espacio deseamos rendir un homenaje y recordar lo que fue la mujer y lo que es su obra. Pilar en la década del 80 trabajó en Flora Tristán, y desde entonces fue una amiga de esta casa. Fue jurado del Concurso de Cuento Latinoamericano Magda Portal, en dos oportunidades, concurso que organiza Flora Tristán, y, como siempre, destacó por la minuciosidad del análisis de cada relato que leyó.
Pilar Dughi publicó su primer libro de relatos "La premeditacion y el azar" en 1987.
En 1987 y 1988 había obtenido distinciones en el concurso de cuento breve organizado por la revista Caretas.
En 1995, ganó el Premio Nacional del III Concurso de Cuento de la Asociación Peruano Japonesa con su segundo libro "Ave de la noche", que es publicado en 1996.
Ese mismo año fue finalista en el afamado concurso Juan Rulfo que convoca Radio Francia Internaciona.
En 1997, ganó el Premio Copé de Bronce en el Concurso Nacional de Cuento que convoca Petróleos del Perú.
En 1998, con "Puñales escondidos", su primera novela, fue acreedora al Premio Nacional de Novela Corta que convoca el Banco Central de Reserva del Perú.
Sus cuentos han sido traducido al ingles y al sueco, y están presentes en numerosas antologías nacionales e internacionales.

RECUERDOS DE SUS AMIGAS/OS


Energía, talento y compromiso


Rossella Di Paolo

Voy a extrañar la calidez, la risa franca, la curiosidad inmensa de Pilar. Desde el Encuentro de Escritoras Jóvenes en Huanchaco, en 1988, hasta hace unos meses, cuando fuimos jurado para una institución, y comentábamos, de regreso en el taxi las cajas y cajas llenas de textos (narrativa para ella, poesía para mí), que habíamos leído. Recuerdo también cuando vino a mi casa para recoger las fotocopias -de otras fotocopias- de unos cuentos casi inhallables en Lima, porque me había dicho entusiasmada (sus ojos grandes, agrandándose más todavía) que ella también admiraba las historias de Flannery O´Connor. Unos días antes de saber que ella estaba enferma, leí en “Mesa de Noche” del Somos sus sensitivos comentarios sobre John Cheever, y me alegró saber que volvíamos a compartir a otro escritor norteamericano.
La literatura estaba siempre presente en nuestras conversaciones, y no podía ser de otra manera, pues nos habíamos hecho amigas por la literatura, y la literatura era, es, una pasión, y allí están sus magníficos relatos, en esa prosa firme y elegante en la que muchas veces situaciones cotidianas son sutilmente socavadas por el azar y el horror... Escribo estas palabras y de pronto siento un escalofrío, pues me doy cuenta que hay una analogía entre ellas y el cáncer sigiloso que padeció, un cáncer cuya primera señal de existencia fue la última, lo que hace pensar en un trabajo soterrado, tortuoso, mientras por arriba la vida de Pilar era energía, talento, escritura, compromiso, y esa forma de reír que todavía retengo en mis oídos y que por primera vez no se vuelve contagiosa, sino que me provoca muchísima tristeza.
Demasiados hechos han quedado partidos por la mitad: su vida joven, otros libros que iban a ser tan intensos e importantes dentro de nuestra narrativa como los tres que alcanzó a publicar, sus afectos y trabajos, nuestro corazón.

La lucha contra la nada

Carmen Ollé

“La literatura, el escribir y leer, me resulta tan necesaria y natural como el comer y dormir. Es decir, me sería difícil imaginarme la vida sin ella”, declaró Pilar Dughi a una revista literaria el año 1999 y ahora nadie duda de que Pilar entregó su vida a la literatura y a esa “lucha contra la nada” como llamaba al hecho de enfrentarse al caos de la historia cuando escribía. Sus cuentos y novelas fueron el producto de una gran vocación pero también de un estudio concienzudo de las técnicas y estrategias del relato: “las técnicas –decía- se van aprendiendo a medida que uno se forma en la lectura ordenada a través de la experiencia artística y en el quehacer narrativo propiamente dicho. Creo que este proceso de aprendizaje nunca termina. Por ello se debe tener una disciplina sistemática y rigurosa, para lo cual se requiere no solo tiempo y dedicación exclusiva, sino una actitud de compromiso total con el hecho narrado”.
Pilar fue una amiga muy solidaria y querida con una energía e inteligencia vigorosas que volcó en diversos campos del saber; una persona celosa de su intimidad, que quería por sobre todas las cosas ser recordada como escritora. Se incomodaba cuando priorizaban en las reseñas literarias su calidad de médico psiquiatra. Sin embargo su atracción por el mundo de la medicina comenzó muy temprano a raíz de una apendicectomía que tuvo a los seis años y desde entonces le fascinaron “el olor a alcohol, las clínicas y los hospitales; y el ver a hombres y mujeres vestidos de blanco como si fueran sacerdotes”.
Aunque no era una narradora confesional, Pilar Dughi está en sus libros pese a que era reacia a inspirarse en sus propias vivencias y desechaba esa posibilidad de manera muy consciente. Los autores que más le aportaron técnicamente fueron Cortázar, Borges, Dostoiesvski, Flaubert y, curiosamente, según propias declaraciones de la autora, también Henry Miller, un escritor erótico y vivencial.
En Pilar siempre me inquietó su obsesión por los asesinos en serie o su interés por la muerte programada y fría de los judíos por parte de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ella había explorado el tema a fondo y siguió muy de cerca la obra de Imre Kertész, premio Nobel de literatura 2002, ambientada casi en su totalidad en los campos de concentración nazi.
Tal vez debido a que nunca quiso escribir partiendo de sus experiencias personales, apreciaba tanto la obra de autores como Patricia. Highsmith, quien era enemiga de “canibalizarse”, o la de Margarite Yourcenar, famosa por sus personajes masculinos como Adriano, el emperador romano, aunque desde hacía un tiempo Pilar trabajaba en un texto biográfico que la había “enganchado” mucho. Como lectora también devoraba libros de memorias, autobiografías, correspondencia de escritores, y a veces se decepcionaba si estos no le revelaban la verdad de la vida. Recuerdo que no le gustó el volumen dedicado a la correspondencia entre Mishima y Kawabata, dos autores japoneses que admiraba, por su tono excesivamente protocolar. Durante sus últimos días quedó fascinada por las “Confesiones de un burgués” de Sándor Marai, y al final, cuando ya sabía que no le quedaba tiempo, se concentró en las memorias de la secretaria de Hitler.
Cuando su obra inédita sea publicada podremos tener la imagen cabal de una gran escritora, para quien desde pequeña –como ella misma decía- el mundo de los libros marcó decisiones cruciales en su vida.


Una mujer a plenitud


Diana Miloslavich

La muerte, la mía, será de piedra. Conozco las pasarelas,
los puentes giratorios, todas las zapas de la Fatalidad. No puedo perderme. La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad. Marguerite Yourcenar
(texto del epígrafe de su libro La Premeditación y el Azar)


Si pudiera resumir la vida de Pilar, diría que fue una Mujer a Plenitud, vivió cada uno de los momentos de su vida con pasión, con conciencia. Comprometida con la defensa de los derechos de las mujeres, dejó tiempo, amigas y alegrías durante su paso por Flora Tristan, promovió uno de los proyectos municipales más interesantes en Miraflores, el programa Jacaranda, donde hizo realidad sueños para las mujeres víctimas de violencia. Su paso por la psiquiatría la hizo tomar conciencia de los problemas de salud mental, trabajó en UNICEF a favor de las niñas y regresó al mundo de las mujeres como directora de Manuela Ramos. Todo lo que hizo lo compartió con su pasión por la literatura como escritora y lectora. Hoy es seguro que estará organizando a San Pedro, revisando nuevas bibliotecas y haciendo un círculo de lectura con los ángeles.
Supo ser amiga e inundó nuestras vidas de humor, ironía, alegría. Quiero recordarla en los atardeceres en Miraflores con Luis Fernando Vidal, conversando apresuradamente de sus cuentos, de sus interminables lecturas y proyectos, con ese ritmo ligero, cálido. Una ráfaga de aire y de inspiración en nuestras vidas.


Lecciones de Pilar Dughi

Rosina Valcárcel

Evoco a Pilar, junto a Diana Miloslavich, en el Haití a fines de los '80. Había sido distinguida en los concursos de cuento breve auspiciados por Caretas. Ya había leído La premeditación y el azar (Colmillo blanco, 1989), y quise decirle que era una autora sugestiva..., pero Pilar fumaba sin cesar mientras discurría una plática trivial. La vuelvo a ver en 1992 en casa de Dante Castro y May Rivas. Hacíamos emparedados, y me miraba sonriente. Por azar, de modo inesperado le dije: Creo que mi amigo X está interesado en ti. Se sonrojó un poco. Agregué: A ti también te cae muy simpático. No le quedó remedio y me lanzó: Desde hace varios meses andamos juntos, él te contará. Sorprendida exclamé: ¡Qué alegría! Desde entonces, nuestro cariño estuvo ligado a aquel episodio súbito. En invierno de ese año almorzamos en casa. Me trajeron un retablo y una botella de vino. Platicamos. Confesó su prematuro interés por el acto mismo de la lectura. Habló de Dostoievski, sus gustos literarios, cómo en su familia hubo una tradición de lectura; cómo en la narrativa se impone un orden racional diferente al de la poesía; enfatizó que la novela nace de la épica tardía con una función más testimonial. Pero, a pesar de ella misma, Pilar expresó sus ganas de vivir. Días después me invitó a desayunar en San Isidro en un café de la Av. Arenales, cerca a Javier Prado. Ahí le entregué misivas para algunos poetas radicados en París, pues ella acababa de ganar una beca e iba a partir. Pilar ecuánime me desconcertó: a) X: es el amor de mi vida, no te preocupes volveremos a reunirnos. b) Tú tienes una trayectoria como defensora de los derechos humanos. Porqué no te tomas una tregua, te recluyes un poco y te dedicas más a los libros, al oficio de escribir y a la creación a fondo. La sentí extraña, irónica, individualista. A estas alturas, creo que tenía mediana razón en lo que respecta al arte. El destino marcó jugadas imprevistas, distancias. En 1995, su libro Palabra errante logró el premio del III Concurso de Cuento de la Asociación Peruano Japonesa, editado en 1996 por Peisa con el título Ave sin noche. Compartimos el rito y el brindis. En este libro ejerce la estética de la recepción. Serán los lectores cultos quienes traducirán los códigos de la escritura. En 1998 Colmillo Blanco lanza la novela Puñales escondidos.
En el 2003 nos vimos en la biblioteca del Centro Cultural de España, ella estaba muy pálida, nostálgica y algo ausente. Manifestó su preocupación por el discurso narrativo de Vargas Llosa.
El 2004, por fortuna, coincidimos en la XVII Feria del libro de Bogotá. Frente a un descarado hurto que sufrí en el hotel Tequendama la percibí graciosa, juguetona, cariñosa y sabia. Trataba de desviar mi atención, pues especulaba ansiosa y logró que me relajara un poco. Ya en la gran Feria, ella, Carmen Ollé y yo caminamos. Me recomendó adquiriese un diario de Dostoievski por bueno, raro y barato. Luego cenamos tranquilas, bebimos delicioso vino y dialogamos a la luz de la luna.
(Hoy sus ojos duermen bajo tierra. Quiero contárselo. ¿Será un poco tarde?).

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