El Perú a diez años de la Conferencia
de Población y Desarrollo
Situación y compromisos pendientes
Presentación El presente documento
es una síntesis del informe elaborado por
organizaciones de la sociedad civil sobre el cumplimiento
del Estado peruano de los compromisos asumidos
al suscribir el Programa de Acción de la
Conferencia Internacional sobre la Población
y Desarrollo (CIPD) de El Cairo (1,993). Presentamos
los avances, retrocesos y vacíos detectados
en estos diez años, en dos ejes de las
políticas públicas: la equidad de
género y los derechos sexuales y reproductivos.
El Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán
fue una de las organizaciones que participó
en la elaboración del Informe y, a través,
de esta síntesis, buscamos hacer llegar
los resultados de esta evaluación a la
clase política, organizaciones de la sociedad
civil, colegios profesionales, colectivos y redes.
Esperamos que lo mostrado en este documento se
transforme en un llamado a la acción, que
comprometa a la sociedad en su conjunto y, de
forma especial, a nuestra clase política,
de manera que se dicten e implementen las políticas
públicas que hagan realidad compromisos
aún pendientes, de manera que cumplamos
con los estándares de derechos humanos
y de equidad de género, según acuerdos
internacionales. Es una voluntad que demanda la
urgencia necesidad de construir una democracia
real.
Del Informe
1. Periodos analizados
El análisis de las medidas legales y normativas,
sectoriales e intersectoriales, se remonta en
algunos casos a etapas previas a la CIPD hasta
los periodos posteriores, comprendiendo así
los gobiernos de 1990-1995 y 1995-2000, con Alberto
Fujimori; del 2000 al 2001, con el Gobierno de
Transición de Valentín Paniagua;
y del 2001 a la fecha, con Alejandro Toledo.
Durante el gobierno de 1995-2000, la sociedad
civil tuvo un rol muy importante, tanto en la
implementación de acciones para propiciar
avances en los acuerdos de El Cairo, como en la
denuncia de violaciones a los derechos de las
mujeres. Perú se encontraba entre los países
de avanzada en el tema en la región, incluso,
en las negociaciones de Cairo Más Cinco,
Beijing Más Cinco y la Sesión Especial
de la Infancia.
Con el Gobierno de Transición, el sector
público tuvo un bajo perfil en el trabajo
por los derechos sexuales y reproductivos. Desde
el Ministerio de Salud empezaron a apreciarse
retrocesos importantes. Con el advenimiento de
la democracia, se revela una injerencia poderosa
en políticas y programas de los sectores
fundamentalistas de la iglesia católica
y otras organizaciones, así como de movimientos
conservadores. Se ha dejado sentir una disminución
en la participación de la sociedad civil
organizada, de las mujeres y de la juventud, y
ocurrieron importantes retrocesos en las leyes,
normas, políticas y programas con relación
a los acuerdos de la CIPD en materia de la salud
reproductiva, los derechos reproductivos y la
equidad de género.
2. Salud reproductiva de los/as adolescentes
y jóvenes
Por el retroceso en el reconocimiento de derechos
sexuales y reproductivos, producido en estos dos
últimos años, la población
joven, adolescente e infantil, se ve especialmente
amenazada con el recorte de derechos adquiridos
en términos de información, educación,
acceso a servicios integrales de salud, participación
ciudadana, entre otros. Los avances de los 90s
con relación a la salud sexual y reproductiva
adolescente están en franca regresión.
Entre 1994 y el 2000, los programas reconocían
los derechos sexuales y reproductivos de los y
las adolescentes y adoptaban los acuerdos de la
CIPD. Con la creación del PROMUDEH, en
1996, se puso especial énfasis en la promoción
de los derechos de la mujer y de la juventud,
incluyendo los derechos sexuales y reproductivos.
En 1996 se creó, además, el Programa
PROJOVEN del Ministerio de Trabajo y Promoción
Social, con apoyo de UNFPA, que incluyó
capacitación en salud sexual y reproductiva
dentro de la capacitación laboral a jóvenes
mujeres y hombres en pobreza. Instancias de la
sociedad civil se han preocupado por promover
y abogar por los derechos y la salud sexual y
reproductiva de las y los adolescentes (Mesa Adolescencia
y Juventud-MAJ).
A partir del 2001, entre los incumplimientos
y vacíos se encuentra el no reconocimiento,
de parte del Gobierno, de compromisos del Estado
frente a la CIPD o la IV Conferencia Mundial de
la Mujer en torno a derechos reproductivos y a
la salud reproductiva y al lenguaje de género.
En ese año se desactivó el Programa
Nacional de Educación Sexual 1996-2000,
que incorporaba el lenguaje de la CIPD y contó
con la participación de la sociedad civil
para su diseño, implementación,
seguimiento y evaluación. Tenía
un enfoque de habilidades para la vida que significaba
un mejor manejo de la sexualidad en el adolescente.
En cambio, El Programa de Promoción de
la Salud en el Centro Educativo, preparado por
el Ministerio de Salud en mayo del 2003, enfatiza
el retraso del inicio sexual, la abstinencia,
el valor de la fidelidad, sin hacer referencia
al uso del condón para la prevención
de la ITS/VIH-SIDA o de los métodos anticonceptivos.
Es un avance el apoyo a los jóvenes en
lo relativo a sus medios de vida y las habilidades
para la vida, que el Código Penal sancione
como delito agravado la inducción a la
prostitución en menores de 18 años
y diferencie penas por edad en casos de actos
sexuales con menores de 14 años, especialmente
si une un vínculo familiar directo o indirecto.
Aunque nuestro Código del Niño y
del Adolescente protege de la explotación
sexual, no hay una política estatal que
garantice dicha protección.
A través del PROMUDEH se plantearon metas
en el 2002 para retener en la escuela a las y
los adolescentes que trabajan, adecuar el currículo
a su realidad, así como la erradicación
de la explotación sexual de niñas
y niños para el 2010 y la generación,
al 2005, de la normatividad correspondiente.
3. Acceso a servicios de salud reproductiva. Morbilidad
y mortalidad materna
La mortalidad materna peruana es una de las más
altas del mundo: 185 mil por cien mil nacidos
vivos. Ello significa que mueren cinco mujeres
a diario por esta causa. Mientras en los 90s y
hasta mediados del 2001 su abordaje se hacía
con un enfoque de la CIPD y los demás marcos
internacionales, ahora no sólo se está
poniendo el énfasis en la vida y el bienestar
del niño y el concebido, incluso por encima
de la mujer, sino se están cuestionando
las tasas y estimaciones de la mortalidad materna.
En la década 1995-2000, la reducción
de la mortalidad materna –que en 1996 se
estimaba en 256x100n.v.- fue una prioridad política,
y se construyeron y equiparon servicios, capacitando
a proveedores desde el Estado y las ONG. Sin embargo,
la cobertura seguía siendo muy baja, particularmente
para las mujeres en exclusión, y la calidad
de atención era todavía insuficiente,
lo que se traducía en altas tasas de mortalidad
materna con relación a la región.
A través del Proyecto 2000 del MINSA se
trabajó el tema y se amplió la cobertura
del parto institucional y de los controles prenatales,
pero sin tener en cuenta en las intervenciones
las causas estructurales de discriminación
a la mujer y la necesidad de implementar servicios
de salud con capacidad resolutiva de las emergencias
obstétricas.
El Plan de Igualdad de Oportunidades 2000-2005
del PROMUDEH tiene como objetivo contribuir a
la disminución de la mortalidad y morbilidad
materna, con reducción de la tasa de mortalidad
materna a 100 x 100 mil nacidos vivos; elevar
al 90% la cobertura de control prenatal de gestantes
en el área rural; elevar el suministro
de suplemento vitamínicos y alimentación
complementaria para el 50% de gestantes; y elevar
la cobertura del Seguro Materno Infantil de 520,000
a 1’300,00 gestantes por año. Sin
embargo, la nueva estructura del MINSA deja de
lado lo poco que se había avanzado en el
trabajo específico por la salud de la mujer.
La capacidad resolutiva de los servicios de salud
no ha mejorado lo suficiente. Si bien se ha logrado
un incremento en los controles prenatales, ello
no ha impactado tanto en el parto institucional
debido a la mala calidad de los servicios, que
no se distinguen por respetar a las mujeres de
las zonas rurales según su cultura y creencias,
así como es notoria la incapacidad para
resolver emergencias y evitar que las mujeres
mueran. El 27% de las mujeres del área
rural y el 13% del área urbana no tienen
acceso a la atención de personal profesional.
En el 2003 se estima en 352 mil el número
de abortos inducidos cada año y 16,3% de
las muertes maternas registradas se deben al aborto,
la segunda causa de muerte materna en el país.
De especial preocupación resulta la alta
mortalidad materna adolescente por esta causa.
En la actualidad, uno de los objetivos estratégicos
2002-2006 es la reducción de morbi-mortalidad
infantil, materna y por enfermedades transmisibles
e inmunoprevenibles. Si bien el MINSA manifiesta
haber logrado en su gestión disminuir la
mortalidad materna, gracias al Seguro Integrado
de Seguridad Social, sin embargo la sociedad civil
en base a argumentos técnicos cuestiona
que pueda hablarse de una reducción significativa.
Además, en la actual política de
salud, la morbi-mortalidad materna aparece enfocada
como un mero problema de desnutrición sin
considerar las necesidades propias de las mujeres.
4. Anticonceptivos. Aborto
En la actualidad, se acusa un evidente retroceso
frente a los avances habidos en la década
de los 90s. El Programa de Salud Reproductiva
y Planificación Familiar durante 1996 a
2000 disponía que en todos los centros
de salud se ofreciera la gama de métodos
anticonceptivos.
En la relación de métodos que deben
ser ofrecidos por el Estado, según las
Normas de Planificación Familiar, no se
encuentran el condón femenino ni la Anticoncepción
Oral de Emergencia, pese a que ésta ha
sido aceptada por resolución ministerial
desde el año 2001. En el periodo 95-99
existieron deficiencias en los suministros de
métodos anticonceptivos en los servicios
de salud pública debido a recortes en las
donaciones con fondos de USAID, a raíz
de las denuncias de violaciones en torno a la
anticoncepción quirúrgica forzada.
A partir del gobierno actual, el abastecimiento
de suministros es particularmente insuficiente
por razones de orden político sectorial.
La nueva estructuración del MINSA hace
suponer que programas existentes van a desaparecer
por el nuevo enfoque de ciclo de vida. El que
se haya normado a nivel local y regional que el
concebido debe ser registrado indica que la AOE
difícilmente será reconocida por
considerársela de manera errónea
como abortiva.
Se ha retomado en el 2003 el incluir en la Ley
General de Salud la Objeción de Conciencia
irrestricta , según la cual “Los
profesionales de la salud, haciendo uso de su
conciencia, podrán abstenerse de cumplir
o desarrollar actividades de salud cuando éstas
estén en contra de la vida y la dignidad
de la persona humana”. De otro lado, en
el año 2001 se aprobó el proyecto
que modifica el Código Penal del Perú
sobre Lesiones al Concebido, dándose penas
de privación de la libertad si se comprueba
que alguna persona, incluyendo la mujer/madre,
ha ocasionado algún daño. Ese mismo
año se dio la Ley de Celebración
del Día del No Nacido.
El MINSA hace gala de una política de
salud desfavorable a la planificación familiar
y salud reproductiva. No existe medida alguna
que prevea evitar las complicaciones por aborto,
específicamente. Por el contrario, la mayoría
de medidas existentes tienen la intención
de reprimir el aborto; así, la práctica
se realiza en la clandestinidad y criminaliza
a las mujeres que recurren a éste.
El aborto está sancionado penalmente en
el Perú, según el Código
Penal de 1991. Sólo el aborto terapéutico
se exime de pena. En el proyecto de Reforma Constitucional
se ha incluido la prohibición al aborto,
reforzando lo establecido en el Código
Penal. Y se ha otorgado ciudadanía y derechos
plenos al producto de la fecundación, a
pesar de que los derechos se reconocen al concebido
(óvulo fecundado anidado en el útero)
siempre y cuando nazca vivo. Se han ignorado sistemáticamente
las recomendaciones de Naciones Unidas para revisar
la legislación punitiva sobre el aborto
por su relación con la mortalidad materna,
pese a que ha habido tres llamadas de atención
para el Estado Peruano.
5. Violencia de género
El abordaje de la violencia contra la mujer,
particularmente en términos legales, mejoró
sensiblemente en la década de los 90s,
aunque con menor impulso en la década del
2000. En el periodo 1995-2000 destaca la Ley de
Violencia Doméstica, que adjudica a las
municipalidades la responsabilidad de crear refugios
temporales para las mujeres maltratadas. En el
periodo 1995-2000 se aprueba la Convención
para Prevenir, Sancionar y Erradicar todas las
formas de Violencia contra la Mujer (1996). Otras
leyes reconocieron la violencia física
y psicológica como causal de divorcio.
En 1999 se promulgaron leyes que regulaban los
delitos contra la libertad sexual en niños,
niñas y adolescentes víctimas. Al
año siguiente se incluye la violencia sexual
como forma de violencia familiar. El tema de la
violencia sexual pasa del terreno privado al público,
sin embargo, el tratamiento de la violencia de
género y violencia contra la mujer sigue
reducido a la violencia familiar.
En 1998 se creó la primera Comisaría
de Mujeres. Para 1999 había ocho ciudades
con delegaciones policiales femeninas y secciones
especializadas en cinco ciudades más. El
Ministerio del Interior vigila que las mujeres
policía traten los casos de violencia doméstica.
El PROMUDEH en 1997 brindaba el servicio telefónico
de la Ayuda Amiga, y en 1999 se instala un servicio
de atención a personas afectadas por violencia
familiar.
Según el MIMDES, hoy el Ministerio da
prioridad, entre sus líneas estratégicas,
a la lucha contra la violencia familiar y sexual
“como una clara muestra de compromiso político
por luchar contra toda forma de discriminación
y violencia ejercida contra la mujer por cuestiones
de género”.
A pesar de ello, la violencia contra las mujeres
sigue siendo un grave problema de salud pública
que impacta la salud y la vida de las mujeres
y ante la cual se requiere pasar de los reconocimientos
formales o legales a la implementación
real de acciones para combatirla y eliminarla.
6. Infecciones de transmisión sexual
El Programa contra las Enfermedades de Transmisión
Sexual y SIDA (PROCETSS) fue creado en 1996 y
tenía un local especial de funcionamiento;
no se le otorgaban los recursos que requiere,
pero se mantenía. Coordinaba con el Programa
Materno PeriNatal para el tamizaje de sífilis
congénita; sin embargo, el PROCETTS se
ha reestructurado actualmente en el área
de Control de Riesgos y Daños en el Componente
de VIH/SIDA. En 1997 se empezaron a implementar
los Centros de Referencia de Enfermedades de Transmisión
Sexual (CERETSS), y se logró el equipamiento
de 26 centros. Se trata de establecimientos de
salud que cuentan con recursos humanos capacitados
y equipamiento para la atención de casos
de ITS en la población en general y la
atención especializada de Grupos de Elevada
Prevalencia con capacidad para efectuar pruebas
serológicas y cultivos, pero no cuentan
con financiamiento para realizar acciones educativas.
Se han dado importantes avances en la adopción
de medidas para reducir y tratar las infecciones
de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA,
pero un tema álgido es el del acceso gratuito
al tratamiento. Aunque se acepta el uso del condón
en la prevención, la posición del
Gobierno consiste en promover la fidelidad y la
abstinencia fuera del matrimonio, postergando
el inicio sexual en jóvenes. Además,
el VIH/SIDA se está desligando de un enfoque
amplio de derechos sexuales y tiende a medicalizarse.
Las políticas públicas frente al
problema se basan sólo en la prevención,
ya que el tratamiento antirretroviral dado por
el Estado se restringe a mujeres en los tres últimos
meses de gestación para evitar la transmisión
vertical, ofreciendo lactancia artificial en los
seis primeros meses, y tratando a los recién
nacidos, siempre que haya insumos. De otro lado,
se desconoce la política que seguirá
el Ministerio de Educación después
de terminado el Programa Nacional de Educación
Sexual 1996-2000.
Conclusiones. Vigilancia desde la sociedad
civil
En la actualidad, el ejercicio de los derechos
sexuales y reproductivos se ve limitado en el
caso de las mujeres, adolescentes y niñas
y de la juventud e infancia en general, especialmente
cuando no se acepta la perspectiva transversal
de género y de derechos humanos en las
políticas y los programas a los que Cairo
y Beijing comprometían, y se iguala equidad
de género con igualdad de oportunidades.
El Estado peruano no ha generado mecanismos efectivos
que faciliten la vigilancia del respeto de los
derechos humanos y menos con relación a
los derechos reproductivos.
Cabe destacar el impacto que han tenido las experiencias
de advocacy en derechos sexuales y reproductivos
y adolescentes, incluyendo vigilancia congresal,
actividades de incidencia política y participación
en los medios de comunicación de las organizaciones
feministas, las que han desarrollado un sistema
de monitoreo (1994-2002) a los acuerdos de la
CIPD, que se realiza de manera paralela en siete
países. Sin embargo, estas acciones se
han visto restringidas por la Ley de la Mordaza,
impuesta nuevamente por el gobierno norteamericano.
El fracaso de muchas estrategias tiene que ver
con un contexto nacional e internacional de políticas
neoliberales y puritanas que muy pocas veces toman
en consideración el derecho de las personas
a la salud, a la vez que refuerzan la discriminación
por género, y no abordan tampoco específicamente
la pobreza de las mujeres. A lo que debe sumarse
el rol socializador y político de las iglesias
que, en esta última década, han
asumido temas morales respecto de la sexualidad,
difundiendo mensajes adversos en asuntos de género
y salud reproductiva. Estas políticas han
puesto en una situación de mayor crisis
a los servicios de salud y educación. Constituye
un compromiso del Estado, la erradicación
del sexismo en la enseñanza y la ampliación
de la cobertura del Programa Nacional de Educación
Sexual, y replantear la política de educación
sexual como una educación para la sexualidad
sana y placentera y para la prevención
del embarazo adolescente no deseado y las ITS.
Asimismo, la reducción de manera drástica
de la mortalidad materna, cuyos principales indicadores
coloca al Perú como uno de los países
con mayores tasas de muertes maternas de América
Latina y del mundo.
Un tema prioritario emergente para las ONG es
el acceso a los servicios de salud en zonas declaradas
liberadas por el narcotráfico que se encuentran
en abandono sin servicios públicos ni presencia
del Estado por razones de seguridad. Para aquéllas
es un reto trabajar en esas zonas sin poner en
riesgo a las personas del proyecto de intervención.
Interesa también la atención a la
diversidad cultural y la situación de salud
de las comunidades étnicas. Del mismo modo,
una preocupación constante de las ONG y
de otras instancias de la sociedad civil es la
salud sexual y reproductiva de los adolescentes
y la lucha contra el SIDA.
Los mecanismos de vigilancia constituyen una
nueva corriente en el Perú iniciada ya
por la sociedad civil, pero aún se haya
en revisión por parte del Estado.
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