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ARTÍCULOS

El divorcio en el Perú:
Un momento propicio para el debate

Beatriz Ramirez Huaroto*

El miércoles 13 de marzo pasado las peruanas y peruanos nos levantamos con una sorprendente noticia proveniente del Congreso; no se trataba de desafueros ni blindajes parlamentarios, sino de un tema de fondo que había sido, por fin, abordado: la comisión de Justicia del Congreso aprobó por mayoría un dictamen por el cual el actual proceso de separación convencional (léase, de mutuo acuerdo), convalidable a divorcio, pasaría a ser tramitado en la instancia municipal y notarial.

Desde ese día ya han corrido opiniones en pro y en contra. Recientemente el Pleno ha aprobado en primera votación el dictamen y se está gestionando que se le exonere de una segunda votación; si así fuera estaríamos bastante más cerca de que lo propuesto sea norma vigente en las próximas semanas.

Pero, ¿qué hay detrás de la regulación del divorcio en el Perú? Sin duda se han producido grandes avances en los últimos veinte años en este campo, pero conviene dar una mirada general para ver el estado actual del divorcio en nuestro país y detectar con mirada aguda que, como todo aspecto del Derecho, su regulación no está exenta de nociones de perfeccionismo ético(1).

¿Cómo opera actualmente el divorcio en el Perú?
Nuestro sistema “divorcista” ofrece para quienes quieran acceder al divorcio dos caminos:

? Si ambos cónyuges están de acuerdo pueden iniciar un proceso de separación convencional. Luego de dos meses de obtenida la sentencia cualquiera de los interesados puede pedir que se dicte un divorcio. La duración promedio del proceso es de ocho meses a un año, en el mejor de los casos.
? Cuando no hay acuerdo para divorciarse entonces se usan las llamadas causales de divorcio: un cónyuge demanda al otro por alguno de los motivos que la ley permite. La violencia familiar, el abandono injustificado y el adulterio son algunas de las causales de divorcio vigentes. Un proceso de divorcio por causal dura no menos de tres años, pues la sentencia que lo aprueba en primera instancia “pasa” obligatoriamente a consulta a la Sala de Familia. De esta vía de divorcio no nos ocuparemos en las líneas siguientes.

La alternativa de la separación convencional obedece a una concepción de “divorcio remedio”: ante la comprobación de que un matrimonio está “quebrado” de hecho, se propone el divorcio como medio para que la realidad se vea reflejada en el plano legal (donde no hay relación de pareja vigente no debe haber ficción legal de matrimonio). Sin embargo, la actual regulación de la separación convencional nos deja intuir que, en el fondo, todo nuestro sistema jurídico está encaminado a restringir el acceso al divorcio: el Estado peruano ha insistido permanentemente en asociar familia con matrimonio, desconociendo que las unidades familiares no sólo tienen su origen en la unión matrimonial y que las relaciones familiares trascienden a las uniones matrimoniales que les dieron origen(2).

Una separación convencional tiene las siguientes características actualmente; mirada aguda para “descifrar” la intención que está detrás de cada una de las restricciones:

1. Hay que tener mínimo dos años de matrimonio.
2. Debe suscribirse un acuerdo sobre los siguientes puntos: a. bienes adquiridos, b. tenencia/régimen de visitas de hijas/os si hubieren, y c. un acuerdo sobre los alimentos entre la pareja y respecto de las hijas/jos.
3. La demanda la firman ambos cónyuges y su abogada(o)… pero ¿si hay acuerdo entre ellos a quién demandan?, ¿cuál es el conflicto? Pues actualmente los cónyuges demandan al Ministerio Público (representado por las y los fiscales de Familia) al que nuestro sistema legal le ha dado en forma ficticia (por decirlo de algún modo) la tarea de representar a la sociedad que se opone al pedido de separación de ambos cónyuges.
4. Luego de producida la audiencia del proceso se tiene que dar obligatoriamente 30 días por si acaso cualquiera de los cónyuges se “arrepienta” de su decisión.
5. Si ninguno se “arrepiente” la sentencia copia “al pie de la letra” el convenio presentado por los cónyuges. La intervención judicial no es realmente relevante en este tipo de casos; se pronuncia en el mismo sentido en que los cónyuges hicieron su pedido inicial.
6. Pero con esta sentencia no hay divorcio aún, hay sólo separación legal lo que significa que los cónyuges aún están casados pero tienen “suspendido” el deber de vivir juntos. Para lograr el divorcio cualquiera de los interesados debe esperar dos meses luego de la sentencia y pedir que se declare el divorcio… Con esta segunda sentencia recién se ha disuelto el matrimonio.

Queda claro que en estos casos hay consenso, no hay conflicto; sin embargo, hasta ahora el Estado ha tenido como política “aparentar” el conflicto y por eso este trámite se sigue en vía judicial demandando al Ministerio Público que, en teoría, debe oponerse a la separación en representación de todas/os nosotras/os: la sociedad. No se trata de que el trámite en sí mismo requiera ser judicial. La judicialización ha sido una opción política estatal para controlar (a niveles del absurdo) los posibles divorcios. Porque en el fondo, el Estado peruano hasta ahora considera que el divorcio no es algo saludable y que debe estar sometido a las máximas reglas de control para asegurar, en cuanto se pueda, su apariencia formal aunque no haya vida de pareja subyacente.

A esto alude el perfeccionismo ético que se comentó en las primeras líneas de este texto: el Estado peruano en el fondo de sus normas expresa su intención de restringir los divorcios porque su elección es blindar al máximo los matrimonios. ¿Suena como el principio de indisolubilidad del matrimonio del Derecho Canónico? Cualquier parecido no es pura coincidencia.

¿Hacia dónde vamos?
El dictamen que ha creado nuevo panorama en el tema de la separación convencional es el resultado de un “mix” entre tres proyectos de ley(3). Lo que probablemente tendremos aprobado en unas semanas es lo siguiente:

1. Igual que ahora, para una separación convencional hay que tener mínimo dos años de matrimonio.
2. La solicitud se presenta en las municipalidades o en una notaría del lugar del último domicilio de los cónyuges o del lugar donde se celebró el matrimonio.
3. Pueden solicitar con total libertad quienes no tengan hijos/as menores de edad ni hijas/os mayores de 18 años incapacitadas/os.
4. Aquellas parejas con hijas/os menores de edad o incapacitadas/os deben haber conciliado previamente (o tener sentencia) sobre la tenencia/régimen de visitas y los alimentos.
5. Pueden solicitar la separación con total libertad quienes no tengan bienes adquiridos durante el matrimonio; sólo presentan una declaración jurada en ese sentido.
6. Las parejas con bienes matrimoniales deben tramitar una escritura pública ante notaria/o para hacer constar allí cómo harán el reparto de esos bienes.
7. Una vez presentada la solicitud de separación firmada por ambos cónyuges, el alcalde/sa o el/la notario/a debe citar a una audiencia. Si en esa audiencia ambos cónyuges se ratifican en su voluntad de separarse entonces se declara la separación. Si alguno no va a la audiencia por causa justificada se reprograma la audiencia una vez. Si alguno no va a la reprogramación de audiencia se termina el procedimiento porque falta la ratificación de la voluntad de separarse.
8. Con esta resolución no hay divorcio, sólo separación legal, lo que significa que los cónyuges aún están casados pero tienen “suspendido” el deber de vivir juntos. Para lograr el divorcio cualquiera de los cónyuges debe esperar dos meses antes de solicitar una conversión. Con esta segunda resolución recién se rompe la unión legal.

¿Qué balance puede hacerse del texto propuesto y aprobado en primera votación por el Pleno del Congreso? Un balance positivo: así como el matrimonio es un acto administrativo que no requiere de mayor sustento técnico legal para su celebración, el trámite de divorcio también debe tramitarse ante la autoridad municipal. La competencia de las notarías tiene un sustento mayor: si las notarías pueden actualmente resolver asuntos de mayor complejidad jurídica es lógico que se ocupen también de esta materia.

Desjudicializar implica una disminución considerable en los costos de este trámite: ya no hay que pagar necesariamente abogada/o como sí ocurre con los trámites en el Poder Judicial. Probablemente muchas personas busquen asesoría legal pero los costos de una asesoría en ningún modo son los de un patrocinio judicial… además asesoría legal se puede obtener en forma gratuita en los Consultorios Jurídicos del Ministerio de Justicia, destinados para ese fin. Mala noticia para abogadas/os, salvo en los casos en que las parejas tienen bienes: en estos casos hay que hacer escrituras públicas, sí o sí hay que buscar abogada/o para que haga un documento llamado “minuta” que luego en la notaría se convierte en escritura pública. El premio consuelo para las/os letradas/os serán las parejas que tengan hijos: allí es posible “cachuelear” asesorando los acuerdos sobre alimentos y tenencia/régimen de visitas.

Concluyendo…
El principal argumento para aprobar este dictamen ha sido la necesidad de disminuir la carga procesal del Poder Judicial… siendo éste un fin atendible e importante, no es la principal razón para estar a favor. Lo rescatable del dictamen es que brinda un trámite para que las personas actúen conforme a su autonomía individual en mejores condiciones que las actuales. La elección libre de planes de vida de cada persona es valiosa y el Estado no debe interferir en eso, debe limitarse a facilitar la persecución de esos planes de vida(4).

Si dos personas han decidido que su proyecto matrimonial no tiene viabilidad, el Estado peruano, y todos los Estados del mundo, tienen la obligación de facilitarles los medios para que vean realizada tal decisión; es un principio básico de derechos humanos que las/os ciudadanas/os cuenten con todos los servicios que requieren de sus Estados para ver satisfechas sus necesidades esenciales.

La descongestión del Poder Judicial es un efecto accesorio, valorable, pero no debe ser el argumento principal de la reforma. Es necesario asegurar marcos jurídicos que garanticen el ejercicio libre de las personas de sus derechos. Esta iniciativa va bien encaminada hacia ello pese a que su “marketing” no ha ido por este lado. Que el Congreso exonere de segunda votación este dictamen, que Alan García promulgue pronto la ley para que muchas/os puedan acceder más fácilmente a concretar las decisiones que toman sobre sus vidas.


(1)El perfeccionismo ético alude a una concepción filosófica que sostiene que lo bueno para un individuo/a es independiente de sus propios deseos o de su elección, pues el Estado puede dar preferencia a ciertos intereses que considera mejores. Definición de Carlos Santiago Nino citada en el texto de FERNANDEZ REVOREDO, Marisol. “La familia vista a la luz de la Constitución y los derechos fundamentales: aproximación a un análisis crítico de las instituciones familiares”. Lima: Foro Jurídico, Año 1, Nº 2, julio de 2003. p. 118.

(2)La Constitución de 1979 decía en su artículo 5º que el Estado protegía “el matrimonio y la familia como sociedad natural e institución fundamental de la Nación”. La Constitución de 1993 representa un avance al respecto; el actual artículo 4º señala que la comunidad y el Estado “protegen a la familia y promueven el matrimonio”. En la actual Constitución se ha hecho una importante precisión sobre el rol del Estado: lo que le interesa proteger son las relaciones familiares, no el matrimonio, porque las familias van mucho más allá de si su origen es legal o no.

(3)En octubre de 2006, la Congresista Rosario Sasieta, a través de “Alianza Parlamentaria”, presentó el proyecto de ley Nº 392/2006-CR. En el mismo tema, en enero de 2007, la congresista Cecilia Chacón presentó el proyecto de ley Nº 922/2006-CR a través del Grupo Parlamentario Fujimorista. Por último, en febrero de 2007, el Poder Ejecutivo remitió al Congreso de la República un proyecto de ley (Nº 1000/2006-PE) sobre la misma materia.

(4)Parafraseo de una cita de Carlos Santiago Nino en FERNANDEZ REVOREDO, Marisol. Ob. cit. p.118.

* Integrante del Programa de Derechos Humanos del Centro de la Mujer Peruana FLORA TRISTÁN. Docente adjunta del curso de Derecho de Familia en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 
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