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Perú:
Legalmente invisibles
Julia Vicuña Yacarine*
“Nací cuando el choclo (maíz)
estaba para cosechar. Como nunca lo celebraron,
no sé exacto cuándo fue, pero mi
mamacita decía que en ese mes es mi cumpleaños.
No tengo partida de nacimiento, no había
plata para ir a inscribirme”, cuenta Dalia.
Al igual que ella, un gran porcentaje de mujeres
rurales de la costa, la sierra y la selva del
Perú pasan su vida al margen del Estado
y como herencia dejan a sus hijas e hijos, muchas
veces, la indocumentación.
Aunque no se cuenta con datos exactos, el Plan
Nacional de Restitución de la Identidad
estimó que, hasta junio de 2005, había
tres millones 411.113 personas indocumentadas.
Un informe de la Defensoría del Pueblo
señala que la indocumentación está
estrechamente ligada a los problemas de la pobreza
que atraviesa el país y a la violencia
vivida anteriormente. “No se trata solo
de un problema de identificación, de tener
o no el Documento Nacional de Identificación
(DNI); se trata de un problema de exclusión
de millones de personas que no existen para el
estado y éste no existe para ellas”.
Elena Villanueva, coordinadora del Programa de
Desarrollo Rural del Centro Flora Tristán,
dijo a SEMlac que, del universo de indocumentados,
las mujeres de las zonas rurales, indígenas
y amazónicas se encuentran en situación
de mayor vulnerabilidad, por la discriminación
de género.
“En un estudio focalizado en seis departamentos,
encontramos que más de 50 por ciento de
la población femenina en zonas rurales
carece de documentos de identidad”, afirma.
Para algunas mujeres de la zona andina, la indocumentación
es como “vivir en la oscuridad”, sostiene
Tesania Velásquez, sicóloga del
Estudio para la Defensa y los Derechos de la Mujer,
DEMUS, en su investigación “Vivencias
diferentes: la indocumentación entre las
mujeres rurales del Perú”.
“El DNI devuelve la luz, permite ver, devela
la existencia negada. En la “ceguera”
hay algo de ella que no está nombrada,
que no es”, apunta.
Para acceder al derecho a la identidad en Perú
se requiere acumular “una cadena de documentos”,
que se inicia con la inscripción en las
Oficinas de Registro Civil al momento del nacimiento,
hasta la obtención del DNI al cumplir los
18 años de edad.
Pero la ruta de la documentación está
llena de obstáculos para la población
pobre y en extrema pobreza, en particular para
las mujeres rurales. Los costos para obtener el
DNI oscilan entre 20 y 100 nuevos soles (entre
seis y 31 dólares) por el derecho a trámite,
pago de fotografía y gastos de movilidad.
Estos costos resultan exorbitantes para pobladores
de algunas comunidades donde los jornales oscilan
entre cinco y 10 nuevos soles diarios (1.58 y
3.17 dólares).
La pobreza afecta a 78,4 por ciento de la población
en el área rural y a 9,9 por ciento del
área urbana. La pobreza extrema alcanza
en las áreas rurales el 51,3 por ciento
frente al 9,9 por ciento del área urbana.
En la costa rural afecta a 50,8 por ciento de
las mujeres, en la sierra rural a 47,2 por ciento
y en la selva rural al 48,2 por ciento.
A fin de plantear y ejecutar acciones concretas
para sacar de las sombras de la indocumentación
a mujeres de zonas rurales, indígenas y
amazónicas, el Centro Flora Tristán
emprendió la campaña piloto “Mujer
saca tu DNI… Ahora te toca a ti”,
que garantizó la gratuidad de los trámites
y la presentación, únicamente, de
la partida de nacimiento.
“Cuando escuché en la radio que
venia la campaña me alegré mucho.
Mi esposo me apoyó y, con la venta de dos
arrobas de papa (24 kilos), juntamos los cinco
nuevos soles (dólar y medio aproximadamente)
para tomarme la foto”, recuerda Eusebia,
pobladora de la Asociación de Licenciados,
en el Cusco, departamento situado en la región
sur-oriental del Perú.
Para Eusebia la vida cambió. “Ahora
me siento más segura para atender a mis
hijos, no tengo miedo de que, cuando vaya a alguna
oficina, me rechacen por no tener DNI. Algunas
mujeres se preguntan para qué sirve ese
documento, que nosotras no lo necesitamos, pero
yo conocí en la campaña a una viejita
de 71 años que estaba contenta porque cuando
le tocara morir pondrían en los papeles
su nombre legal, el de su DNI, que recién
había sacado”.
Si bien las diferentes campañas por el
derecho a la identidad han permitido avances,
aún son insuficientes para atender todo
el universo de personas “invisibles”
para el Estado.
Niños sin derecho al nombre
La falta de documentación involucra también
a millones de niñas y niños que
carecen de partida de nacimiento. Según
el Instituto Nacional de Estadística e
Informática (INEI), en el Perú nacen
alrededor de 628.000 niñas y niños
al año, de los cuales 15 por ciento no
son inscritos.
Es muy difícil determinar exactamente
el número de nacimientos anuales, ya que
algunos ocurren en las casas y no se registran
en ningún sistema de salud, por lo que
el INEI trabaja sobre estimaciones.
En las zonas rurales, para registrar el nacimiento
de una niña o niño deben salvar
diferentes barreras.
Según Amnistía Internacional (AI),
los centros de salud de zonas rurales, tanto en
la sierra como en la selva, estarían cobrando
por la emisión del Certificado de Nacido
Vivo, uno de los principales requisitos para realizar
la inscripción y obtener la partida de
nacimiento.
De acuerdo con testimonios recogidos por AI,
las mujeres que no han acudido a los controles
pre y post natales, y aquellas cuyos hijos han
nacido en el domicilio, deben pagar hasta 50 nuevos
soles (15 dólares) por este documento.
Para UNICEF, no darle a una niña o niño
la posibilidad de saber quién es y de dónde
viene marcará por siempre el camino que
le tocará transitar en la vida. Será
un fantasma de carne y hueso que no aparece en
las estadísticas, pero que piensa, siente,
razona y reclama. Un ser humano que, aunque no
figure en los registros, tiene el derecho de vivir
con dignidad.
* SEMlac (Servicio de Noticias de la Mujer)
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