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En el
Día de la mujer: Historia y derechos*
Gaby Cevasco**
La desigualdad de las mujeres es una preocupación
que se remonta a la antigua Grecia. Se dice que
fueron los sofistas los primeros en hacer planteamientos
al respecto. Recordemos que las mujeres en esa
sociedad tenían la condición de
los esclavos y los niños, es decir no eran
ciudadanas. Esta desigualdad práctica se
afirmaba en los mitos, que presentaban dos proyectos
de ser humano cargados de significados diferentes.
Un ejemplo es el mito de Pandora de Hesiodo (siglo
VII u VIII ac). Hesiodo narra que Pandora fue
moldeada por Hefesto de una mezcla de tierra y
agua, elementos contrarios al fuego, y que harán
de ella un ser de sexualidad inestable, cínica
y voluble. El fuego es la razón, la inteligencia,
la capacidad de discernir. Cuando Prometeo entrega
el fuego a la raza humana le da el don para aprender
todas las ciencias.
En la Odisea, Homero va a presentar a Ulises
como el personaje racional e inteligente, y a
Penélope como la mujer obediente que espera
incansable el regreso de su señor. El ideal
femenino para los griegos es la mujer que se ocupa
del hogar y facilita la vida al varón para
que se dedique a la política.
Aristóteles va a legitimar esta doble
mirada del hombre y de la mujer cuando señala
que las mujeres son naturaleza y los hombres cultura.
La mujer naturaleza no accede al estatuto de la
individualidad, que es el “estatuto cultural
por excelencia” (C. Amorós), porque
implica la autoconciencia.
Así, a lo largo de la historia occidental,
los pensadores van a continuar dando significados
diferenciados a estos dos proyectos de ser humano.
En la ilustración, Rousseau va a decir
que por “naturaleza” el hombre pertenece
al mundo exterior público, y la mujer al
mundo interior privado. Es decir, el hombre pertenece
al mundo de la producción, de la política,
mientras que la mujer al mundo del hogar, de la
crianza de los hijos. Y señala que la educación
de las mujeres debe estar en función de
los hombres.
El Contrato Social, que hizo a los hombres libres
e iguales, excluyó a las mujeres. Con la
Ilustración la discriminación de
la mujer va a ser legitimada con la ley (Amelia
Valcárcel).
Hegel sostendrá que el destino de las
mujeres es la familia y el destino de los varones
es el Estado. Schopenhauer escribirá que
lo femenino es una estrategia de la naturaleza
para reproducir el ser. Kierkegaard va a decir
“que la mujer no tiene vida propia”
y solo por medio del hombre va a ser realmente
libre.
Frente a este tipo de pensamiento van a surgir
pensadoras/es que cuestionarán la realidad
patriarcal y el pensamiento que la sustenta. En
1405, Christine de Pisán criticará
el discurso de la inferioridad de las mujeres
en “La ciudad de las damas”. En 1673,
el filósofo cartesiano Poulain de la Barre
publicará Sobre la igualdad de los sexos,
considerada la primera obra que explícitamente
fundamenta la demanda de la igualdad sexual. En
1791, Olympe de Gouges morirá en la guillotina
por transgredir las leyes de la naturaleza al
proclamar la “Declaración de los
derechos de la mujer y la ciudadana”. En
1792, Mary Wollstonecraft redactará la
célebre Vindicación de los derechos
de la mujer.
Paulatinamente, las mujeres pasarán de
la queja a la demanda de sus derechos. Y de una
acción individual a una acción colectiva,
de manera que sus reclamos se integrarán
al debate público. Así, la reivindicación
de las mujeres se convertirá en una cuestión
política. Para el siglo XIX, el feminismo
aparecerá como un movimiento social de
carácter internacional.
El feminismo con su teoría y su propuesta
política entrará a todos los espacios:
el político, el académico, el privado,
transformando las relaciones entre hombres y mujeres,
desde lo más íntimo a las superestructuras
sociales. Octavio Paz señala que es la
revolución más importante del Siglo
XX.
En el Perú, el feminismo ha sido un protagonista
de los cambios vividos con relación a las
mujeres. Ha visibilizado su situación de
desigualdad, la violencia contra ellas, se ha
logrado cambios normativos e institucionales en
su favor, se ha avanzado en el reconocimiento
de los derechos sexuales y derechos reproductivos,
se vigila permanentemente la vigencia y cumplimiento
de los derechos humanos de las mujeres. Este rol
vigilante se extiende a la institucionalidad democrática,
marco en el que es posible una agenda de las mujeres.
Tal vez los cambios más complejos y, por
consiguiente, más lentos se han dado en
la dimensión cultural. Aun se dan ésta
y otras discriminaciones en nuestra sociedad,
pero también es una realidad que existen
nuevas percepciones sobre las mujeres, sobre la
diversidad de formas de vida y de luchas emancipatorias.
Por ello, el 8 de marzo es recordar al mundo
la lucha que han desarrollado las mujeres y no
pocos hombres por acabar con la desigualdad de
las mujeres y hacer posible una sociedad más
justa, en la que todos y todas tenga las mismas
oportunidades, las mismas posibilidades de alcanzar
la felicidad.
* Publicado en El Peruano, el
8 de marzo del 2007.
**Escritora y periodista, integrante
del Centro Flora Tristán
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