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Medios
de comunicación:
Su impacto en la sexualidad de las/os adolescentes*
Gaby Cevasco*
En el marco del debate sobre la Ley de Consentimiento,
es oportuno hacer una reflexión sobre el
impacto de los medios masivos de comunicación
en las/os adolescentes y en el ejercicio de su
sexualidad. Para ello es necesario partir de dos
premisas: la primera, que los medios de comunicación
aportan a la construcción de modos de ser,
de modelos de comportamientos individuales y colectivos;
al mismo tiempo son espacios de legitimación.
Todo lo que involucra a la sociedad en su conjunto
se debate, se orienta en ellos.
La segunda premisa es que en los medios cada
vez más prevalecen los mensajes con contenidos
sexuales e influyen en estos comportamientos,
especialmente de las/os adolescentes, en una etapa
de pleno desarrollo de los roles de género
y del comportamiento sexual.
Diversas investigaciones y la experiencia de
trabajo en el Centro Flora Tristán señalan
que la sexualidad es el tema de mayor interés
entre las/os jóvenes. Y los medios se han
convertido en las principales fuentes de información,
reemplazando a los padres y a la escuela. Y esto
es importante si tenemos en cuenta que cada vez
las/os adolescentes inician más tempranamente
su vida sexual.
Si bien las/os adolescentes no son meros repetidores
de los modelos que presentan los medios de comunicación,
sobre todo la televisión, no es posible
que observen críticamente estos contenidos,
pues sus capacidades cognitivas no están
plenamente desarrolladas y, por consiguiente,
en el análisis que hacen de ellos pueden
influir otros factores como la moda, la opinión
de las personas que los rodean, la desinformación,
la curiosidad… A esto se suma las horas
que pasan las/os adolescentes viendo televisión,
la repetición de los mensajes, su interés
por los programas de contenido sexual.
No es de extrañar, entonces, que las/os
adolescentes adquieran muchos de sus comportamientos
sexuales a partir de los contenidos o escenas
que presenta la televisión. Y esto no solo
con relación a las/os adolescentes urbanos,
también de sectores rurales, como lo señala
una investigación realizada en Lambayeque
(Sonia Arteaga, Chacarera, 2005).
Un siguiente aspecto es que las/os adolescentes
tienden a creer que lo que ven en la televisión
sobre la sexualidad es lo más moderno,
lo último como información. De allí
que pasen horas frente a la pantalla. Y, como
señala Bandura (1986), la observación
es el medio más importante en el proceso
de aprendizaje y de transmisión de valores
y patrones de comportamiento y de pensamiento.
A ello se suma que las/os adolescentes casi no
hablan de sexo con sus padres. Para conversar
sobre este tema están las/os amigas/os,
muchas veces tan desinformados como ellos. Y son
también con los que más comentan
los programas de televisión, con quienes
van al cine o a otros espacios de exhibición
de la sexualidad, como pueden ser las fiestas
masivas, las discotecas. Está también
la presión social a tener un comportamiento
similar al resto de las/os integrantes del grupo.
Tampoco las escuelas proporcionan información
sobre la sexualidad a las/os adolescentes, por
ello el Comité para la Eliminación
de toda Forma de Discriminación Contra
la Mujer de las Naciones Unidas expresó
(2003) su preocupación al respecto.
Visto el impacto de los contenidos sexuales de
la televisión en las/os adolescentes, tendríamos
que preguntarnos qué clase de contenidos
sexuales presentan los medios. Además de
las películas, los programas cómicos
tienen altos ratings, especialmente en la televisión
de señal abierta. Programas que se caracterizan
por enfatizar la imagen del hombre “machista”,
la mujer fácil al servicio de la sexualidad
masculina y la ridiculización de los homosexuales.
Tres imágenes que distorsionan las relaciones
entre los sexos.
Gran parte de la programación televisiva,
también de señal abierta, es cubierta
por las telenovelas, con fuerte contenido romántico,
en el que la sublimación del sacrificio
y del sufrimiento se convierten en el paradigma
del amor, así como la entrega y la procreación
de un hijo como prueba de la intensidad del sentimiento.
Habría que preguntarse qué influencia
tienen estos temas en un país con alto
porcentaje de maternidad adolescente (12,7% de
15 a 19 años ya son madres o están
embarazadas, ENDES, 2004) y con elevadas cifras
de juicios por paternidad y alimentos.
De otro lado, estamos en una época en
que el cuerpo se ha transformado en un objeto,
y es un cuerpo siempre joven, que vende un estilo
de vida. Y la publicidad no escapa de ello. El
cuerpo femenino es utilizado para la promoción
de cualquier cosa, que termina siendo deshumanizado.
Cuerpo igual objeto, a veces des-sexualizado,
otras sobre-sexualizado, pero no libre sino al
servicio de…
Si bien ha mejorado la imagen de la mujer en
muchos avisos publicitarios, en otros abiertamente
se ofrece el cuerpo de la mujer para ser comprado
por los varones. Es lo que la teoría llama
“mujer objeto sexual” y califica a
esta publicidad como sexista. Este tipo de publicidad
al mismo tiempo nos está ofreciendo un
determinado modelo de relación entre hombres
y mujeres (de subordinación), precisamente
entre un público adolescente que está
construyendo su modo de relacionarse con el otro
sexo.
Esto influye en relaciones desiguales entre las
personas y puede incentivar la violencia hacia
estos sujetos “dominados”, es decir
las mujeres y los homosexuales, violencia que
en efecto existe: más del 51% de mujeres
en Lima ha sufrido algún tipo de violencia
sexual o física alguna vez en su vida (OMS,
Centro Flora Tristán, U. Cayetano Heredia,
2002), y más de setenta homosexuales fueron
asesinados en el 2005, de acuerdo a un informe,
elaborado por Jorge Bracamonte y Roland Alvarez.
Por ello, la sociedad civil debe tener un rol
más activo en la vigilancia de los contenidos
de los medios de comunicación. Existe el
marco legal para hacerlo y es parte de nuestros
derechos ciudadanos. Que sea la toma de conciencia
social la que señale los límites
de los contenidos y no normas estatales que pueden
afectar la libertad de expresión.
Precisamente, el Colectivo Fem-Tv, integrado
por el Centro Flora Tristán, Demus, Manuela
Ramos, Milenia Radio y Calandria, cada año
organiza una campaña contra la publicidad
sexista, encaminada a transformar los contenidos
de ésta, de manera que no solo exprese
los avances de las mujeres, sino que promueva
relaciones entre los sexos.
*Escritora y periodista, integrante
del Centro Flora Tristán
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